Silvia Bronchalo, sobre su renovada relación con su hijo Daniel Sancho: «Firmaba por no volver a hablar con él nunca y que esto jamás hubiera pasado»

P. V. REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Silvia Bronchalo, en la entrevista en «¡De viernes!»
Silvia Bronchalo, en la entrevista en «¡De viernes!» MEDIASET

La madre del condenado por el crimen de Edwin Arrieta asegura que ha restablecido la conexión con su hijo, y explica que fue ella quien decidió separarse de Rodolfo Sancho: «Fui yo la que dije "hasta aquí"»

15 feb 2026 . Actualizado a las 18:21 h.

La vida de Silvia Bronchalo cambió drásticamente en el momento en el que su hijo fue detenido en Tailandia acusado del asesinato y posterior descuartizamiento del cirujano plástico colombiano Edwin Arrieta. Llevaba mucho tiempo distanciada de Daniel. Desde su ruptura con Rodolfo Sancho, coincidiendo con la adolescencia del chico, la relación entre madre e hijo no había hecho más que erosionarse. Paradójicamente, es ahora, tras la tragedia por la que ha sido condenado a prisión, cuando esa conexión se ha restablecido. «Ahora llevamos una relación normal y cordial, aunque firmaba por no volver a hablar con él nunca y que esto nunca hubiera pasado», ha expresado Bronchalo en la segunda parte de su entrevista con Santi Acosta para ¡De viernes!, en la que ha repasado toda su vida desde el inicio de la relación con el padre de su hijo.

Silvia y Rodolfo coincidieron ya en el colegio, donde compartieron clase. Niega que se conocieran, como se dijo, en una escuela de interpretación. «Empezamos cinco o seis meses después», ha contado, asegurando que en ese momento el hijo del célebre actor Sancho Gracia todavía no era famoso. Lo que empezó como una amistad dio como fruto en una relación amorosa que comenzó en 1992. Dos años después, nacía su hijo en común, Daniel Sancho. Tenían entonces 21 años, y todavía quedaban otro par de años para que el intérprete saltase a la fama con Al salir de clase.

Aunque antes del nacimiento del niño no vivían juntos, ya embarazada, se trasladó a Uruguay con la familia de su novio, ya que en aquel momento, en el 94, se estaba rodando la segunda parte de Curro Jiménez. Volvió temporalmente a España para dar a luz, en un parto muy largo. «Pesó cuatro kilos y medio al nacer. Nació muy muy grande y fue complicado», recuerda Bronchalo. Rodolfo estaba también con ella en España para el parto. Y posteriormente, volvieron a Uruguay con el bebé.

Estuvieron juntos hasta que Daniel cumplió 11 años. Primero en Uruguay, luego ya en España, con la fulgurante fama de Rodolfo, al que los fans de la serie de televisión atosigaban. En marzo del 2004 llegó el momento de la separación. Había muchas discrepancias entre ellos, entre otras cosas por la educación de su hijo. «Yo era más metódica y severa, mucho menos permisiva. No teníamos nada que ver», confiesa. «Fui yo la que dije "hasta aquí"», revela sobre la decisión de poner fin a la relación. «Fue de mutuo acuerdo, pero luego tuvimos muchas discrepancias durante el juicio. No fue una separación fácil. A veces no se quieren tener conflictos por los hijos, pero no se consigue», lamenta Silvia al confesar que ella y Rodolfo jamás han hecho las paces desde entonces. Reconoce, además que Daniel vivió las desavenencias entre sus padres. Hasta entonces, había sido un niño feliz, alegre, listo, con pasión por la lectura, la poesía, la política y con facilidad para los deportes.

El momento de la separación supuso el distanciamiento entre madre e hijo. «A raíz de la separación, nuestra relación se deterioró y se distanció. No sabía nada de él», dijo. Daniel se fue a vivir con su padre a casa de sus abuelos. Veía a su madre de vez en cuando, en alguna comida o algún mensaje suelto. Pero la nueva realidad le hizo fortalecer su relación con su abuelo, Sancho Gracia. Por eso, la muerte del icónico actor en el 2012 supuso un golpe demoledor para un joven que acababa de cumplir entonces la mayoría de edad. «Cuando murió, lo pasó mal, aparte que con la enfermedad que tuvo, no tuvo que ser fácil para él, porque fue duro y porque lo adoraba», reflexiona Bronchalo.

Daniel empezó a estudiar ADE en la universidad, pero después decidió cambiar a cocina, algo que le gustaba desde muy pequeño. «Cuando me lo dijo, me sorprendió, porque le dije que era un trabajo muy duro, y creo que después se acabó dando cuenta de ello», explica la entrevistada sobre los proyectos que tenía en mente su hijo y que le hicieron comenzar su relación con Edwin Arrieta.

Cuando sucedió la tragedia familiar que cambiaría todo para siempre, Bronchalo reconoce que le había perdido la pista a su hijo desde hacía varios años. «Llevaba tiempo sin verlo... ese tiempo entre el 2020 y el 2023», confiesa. Sí sabía que se dedicaba a las relaciones públicas en una discoteca. «A mí no me hacía gracia, porque era un dinero para salir del paso, no para vivir siempre de ello», asegura.

En su vida en Tailandia, sucedió lo peor que cualquier padre o madre puede imaginar. Su hijo era detenido como principal sospechoso de un crimen atroz. «Jamás se me hubiera pasado por la cabeza», expresa su madre, que asegura que entró en pánico cuando se enteró. «Estuve muy protegida por mi familia y mis amigas, pero no podía hacer nada».

En el momento en el que habló con él, lo notó tranquilo. «Creo que no podía tener eso dentro, y se quedó con la tranquilidad de soltar toda esa tensión», piensa Bronchalo, que asegura que la actitud de su hijo no era, como se dijo, de «altanería o soberbia». «Se estaba liberando de algo que lo estaba comiendo por dentro, porque no hubiera sido capaz de no contarlo», asegura.

Silvia Bronchalo tiene solo buenas palabras para la familia de Edwin Arrieta, a quienes les agradece su prudencia y humildad. «Yo no sé si hubiera actuado de la misma manera si eso me hubiera pasado a mí», indica Bronchalo, que descubrió por parte de Santi Acosta sobre la invitación que, durante una entrevista, le habían hecho los Arrieta a los padres de Daniel Sancho, al considerarlos también víctimas de un crimen deleznable. «Pues lo cierto es que tuve intención de ir a Colombia a visitarles, pero me lo quitaron de la cabeza», explica.