Las extensiones de cabello contienen muchos más químicos peligrosos de lo que se creía
SOCIEDAD
Un análisis realizado en Estados Unidos identificó docenas de sustancias nocivas en las extensiones capilares, incluso en aquellas fabricadas con cabello humano
14 feb 2026 . Actualizado a las 11:05 h.En el análisis más completo hasta la fecha, un nuevo estudio del Silent Spring Institute (Estados Unidos) ha identificado numerosas sustancias químicas tóxicas en las extensiones de cabello, incluidas aquellas fabricadas con cabello humano. La investigación proporciona la evidencia más sólida hasta el momento de los posibles riesgos para la salud asociados con esta categoría de productos de belleza, en gran medida no regulada, que afecta desproporcionadamente a las mujeres negras.
Publicado en la revista Environment & Health de la American Chemical Society, el estudio da cuenta de una creciente preocupación por los efectos en la salud de las extensiones de cabello. «Si bien informes anteriores han encontrado algunas sustancias químicas preocupantes en [ellas], aún desconocemos mucho sobre su composición química general. Queríamos comprender mejor la magnitud del problema», expone la doctora Elissia Franklin, autora principal e investigadora del Instituto Silent Spring.
Las extensiones de cabello se pueden hacer a partir de fibras sintéticas o de materiales de origen biológico, incluido el cabello humano. A menudo se tratan con productos químicos para hacerlas resistentes al fuego y al agua y también para esterilizarlas. «Sin embargo, las empresas rara vez revelan los químicos utilizados para lograr estas propiedades, lo que deja a los consumidores sin información sobre los riesgos para la salud que conlleva el uso prolongado», asegura Franklin. Las fibras se asientan directamente sobre el cuero cabelludo y el cuello, y al calentarlas y peinarlas, pueden liberar sustancias químicas al aire que quienes las usan podrían respirar.
Para realizar el análisis, se utilizaron 43 productos de extensiones de cabello adquiridos en línea y en tiendas locales de productos de belleza. Clasificó los productos por tipo de fibra: sintética (principalmente polímeros plásticos) o de origen biológico (incluyendo fibra humana, de plátano o de seda) y los clasificó según sus características. Diecinueve de las muestras sintéticas afirmaban ser ignífugas, tres eran resistentes al agua, nueve resistentes al calor y tres incluían características ecológicas como «sin PVC» o «no tóxico».
Los investigadores emplearon una técnica denominada análisis no dirigido para analizar las muestras en busca de una amplia gama de sustancias químicas, incluyendo compuestos que no suelen analizarse en productos. Mediante cromatografía de gases bidimensional con espectrometría de masas de alta resolución, el equipo detectó más de 900 firmas químicas, capturando tanto sustancias conocidas como desconocidas. Posteriormente, se empleó un software de aprendizaje automático para comparar estas firmas con una biblioteca química, identificando finalmente 169 sustancias químicas de nueve clases estructurales principales.
El análisis reveló la presencia de docenas de sustancias peligrosas relacionadas con el desarrollo de cáncer, alteraciones hormonales, problemas del desarrollo y efectos sobre el sistema inmunitario. Entre ellas se encontraban retardantes de llama, ftalatos, pesticidas, estireno, tetracloroetano y compuestos organoestánnicos.
Así, entre los principales hallazgos, los expertos destacaron que todas las muestras, excepto dos, contenían sustancias químicas peligrosas, y ambas estaban etiquetadas como «no tóxicas» o «libres de tóxicos». Por otra parte, observaron que 48 productos químicos presentes en los productos forman parte de las principales listas de peligro, incluidos 12 elementos conocidos por causar cáncer, defectos de nacimiento o problemas reproductivos. Asimismo, se encontraron cuatro retardantes de llama en muestras sintéticas y de origen biológico y 17 sustancias químicas relacionadas con el cáncer de mama en 36 muestras, incluidos compuestos que se sabe que alteran las hormonas de maneras que aumentan el riesgo.
Casi el 10 por ciento de las muestras contenían compuestos organoestánnicos tóxicos, algunos en concentraciones que excedían los niveles máximos establecidos por la Unión Europea, donde estos productos químicos derivados del estaño y del carbono están regulados. «Estos se usan comúnmente como estabilizadores térmicos en PVC y se han relacionado con la irritación de la piel, una queja común entre los usuarios de extensiones de cabello», señaló Franklin. Los organoestánnicos también se han relacionado con el cáncer y la alteración hormonal.