Un paciente ciego recupera parcialmente la visión tres años después y sorprende a los investigadores
SOCIEDAD
El paciente describía como «una sombra en movimiento» su primera percepción visual natural tres años después de haber quedado completamente ciego. Tras una rutina de entrenamiento visual durante varios meses fue capaz de identificar formas y letras
03 feb 2026 . Actualizado a las 19:54 h.Un paciente con ceguera total ha recuperado parcialmente la visión gracias a un ensayo clínico de estimulación eléctrica de la corteza visual. Los propios investigadores, de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) y del consorcio CIBER en Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), se muestran sorprendidos con una mejora visual espontánea del paciente, sostenida en el tiempo e independiente del implante, según informa la institución académica en un comunicado. El caso ha sido observado en el marco de un estudio diseñado para evaluar la seguridad y la viabilidad de una prótesis visual cortical. Hasta la fecha, el laboratorio de Neuroingeniería Biomédica de la UMH ha realizado cuatro ensayos clínicos con personas voluntarias ciegas. Ha sido en este marco cuando los científicos han identificado un fenómeno «tan excepcional como inesperado», según califican, cuando este paciente que convivía desde hace tres años con la oscuridad total, comenzó a recuperar progresivamente parte de su visión natural. Según la UMH, el paciente describía como «una sombra en movimiento» su primera percepción visual natural tres años después de haber quedado completamente ciego. Tras una rutina de entrenamiento visual (al menos 30 minutos de ejercicios estandarizados durante varios meses), el voluntario mostró una mejora significativa de la agudeza visual y un aumento notable de su autonomía y fue capaz de identificar formas y letras de manera consistente, mejorar la coordinación al agarrar objetos y ganar confianza en su movilidad cotidiana. Asimismo, el paciente indicó que la visión recuperada le permitía desenvolverse «con mayor seguridad» en su vida diaria.
Estas pruebas incluían tareas de complejidad creciente para evaluar la percepción de la luz, la localización espacial, el movimiento, la agudeza visual y la sensibilidad al contraste, así como actividades de búsqueda, identificación y seguimiento de objetos, formas, letras y números. La investigadora de la UMH, Leili Soo, también primera autora del estudio, afirma que este entrenamiento, junto con la motivación del propio participante, pudo desempeñar un «papel relevante» en la recuperación parcial de su visión natural. De hecho, la mejora visual persistió incluso después de la retirada quirúrgica del implante intracortical.
«Los potenciales visuales evocados, que son las señales eléctricas que el cerebro genera en respuesta a estímulos visuales y que nos indican si la información llega correctamente desde la retina, estaban prácticamente ausentes en este participante antes de comenzar el estudio», recalca Soo. Por su parte, el investigador principal del estudio y director del Instituto de Bioingeniería de la UMH, Eduardo Fernández Jover, explica que «como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural».
La particularidad del caso reside en el tiempo que este paciente lleva sufriendo la ceguera total. En este sentido, la neuróloga del Hospital de la Vega Baja de Orihuela (Alicante) y miembro del grupo NBio de la UMH, Arantxa Alfaro Sáez, señala que «aunque se han descrito algunos casos de recuperación de la visión en pacientes con daño severo del nervio óptico, estos siempre se han producido en los primeros meses tras la lesión, por lo que resulta muy inusual que pueda ocurrir después de tanto tiempo». «El procedimiento consistió en la implantación quirúrgica de una matriz intracortical de cien microelectrodos en la corteza visual primaria, la región del cerebro encargada de procesar la información visual», detalla Alfaro.
A través de esta matriz, los investigadores aplicaron patrones de estimulación eléctrica controlados para generar percepciones visuales artificiales, conocidas como fosfenos. Dos días después de la cirugía, mientras aún estaba hospitalizado, el paciente informó que empezaba a percibir luces y movimientos frente a él. «Apenas habíamos empezado a estimular su corteza visual para, digamos, calibrar el sistema, pero empezamos a gesticularle y el paciente fue capaz de describir correctamente la posición de nuestros brazos, sabía dónde estábamos las personas a su alrededor», relata Alfaro sobre este caso en el que aún están por determinar factores individuales que hayan podido influir.