La alianza entre biopsia líquida e IA permite detectar recaídas del cáncer antes de que sean visibles en imagen

redacción LA VOZ

SOCIEDAD

Los doctores Laura Muinelo y Rafael López, en la presentación del simposio en Santiago
Los doctores Laura Muinelo y Rafael López, en la presentación del simposio en Santiago Lavandeira jr | EFE

Evitar la quimioterapia ya es posible en algunos pacientes gracias a la detección de la enfermedad mínima residual, según se ha destacado en el simposio que reúne a más de 300 especialistas en Santiago

22 ene 2026 . Actualizado a las 13:28 h.

Santiago de Compostela se convierte esta semana en el epicentro mundial de la oncología de precisión con la celebración de la XI edición del Simposio de Biopsia Líquida. El encuentro, que reúne a más de 300 especialistas, ha sido presentado por su director científico, el doctor Rafael López, y la doctora Laura Muinelo, responsable de la Unidad de Análisis de Biopsia Líquida del  grupo Oncomet del CHUS. Ambos expertos han coincidido en que la tecnología ha pasado de ser una «promesa de extraterrestres» a liderar la práctica clínica diaria, permitiendo hoy algo impensable hace una década: adelantarse al tumor mediante el rastro genético que deja en los fluidos corporales. Uno de los grandes hitos de esta edición es el manejo de la enfermedad mínima residual. Se trata de identificar si, tras una cirugía aparentemente exitosa, quedan en el cuerpo rastros ínfimos de células tumorales que podrían causar una recaída futura. «En tumores como colon, mama o pulmón ya tenemos datos sólidos que indican que, si detectamos esta enfermedad residual, algunos pacientes podrían evitar tratamientos agresivos como la quimioterapia», explica  Rafael López. Este «cambio cultural» en la oncología no solo mejora la supervivencia, sino que eleva drásticamente la calidad de vida de los pacientes al evitar efectos secundarios innecesarios.

Sin embargo, el doctor López se muestra cauto respecto al uso de estas técnicas para la detección precoz masiva en población sana. «Sería un sueño, pero para eso faltan varios años o incluso alguna década», dice. Por ahora, el esfuerzo se centra en la «vigilancia activa» y en adelantarse a las resistencias de los tratamientos. En cáncer de mama avanzado, por ejemplo, la biopsia líquida permite detectar mutaciones y cambiar el tratamiento hormonal antes siquiera de que el tumor vuelva a crecer físicamente.

El papel de la IA

La innovación gallega también lidera la búsqueda de señales tumorales más allá de la sangre. Según la doctora Laura Muinelo, analizar fluidos como la bilis o el líquido cefalorraquídeo está abriendo puertas en tumores donde la señal en sangre es demasiado baja. «Analizar otros fluidos nos permite acercarnos más al tumor y mejorar la detección en casos de difícil acceso», señala.

Este volumen masivo de datos genómicos sería imposible de procesar por el cerebro humano, y es aquí donde entra en escena la inteligencia artificial. Esta tecnología permite integrar la información molecular con la historia clínica y las pruebas de imagen para crear modelos predictivos de una exactitud sin precedentes. «La IA nos permite detectar señales antes de que el tumor sea visible por otros métodos», añade López, que también es el presidente de la Asociación Española de Investigación contra el Cáncer (Aseica).

El reto: de la excelencia en el laboratorio a la equidad clínica

A pesar de que España —y concretamente el grupo Oncomet en Santiago— está a la vanguardia investigadora, los expertos denuncian una brecha en la aplicación clínica. «En investigación estamos al nivel de los países más avanzados, pero en la aplicación clínica seguimos teniendo desigualdades», advierte el doctor López. El reto actual no es tecnológico, sino organizativo y financiero.

Muinelo y López miran hacia modelos como los de Francia o Alemania, que ya cuentan con redes de laboratorios acreditados y criterios claros de financiación pública. «Las capacidades técnicas han avanzado más rápido que las normas y los sistemas de financiación», explica Muinelo, quien subraya que el reto ahora, al igual que el objetivo del simposio, es armonizar estos protocolos para que la biopsia líquida no sea un privilegio de unos pocos centros de referencia, sino una herramienta accesible para todos los pacientes oncológicos, independientemente del hospital donde sean atendidos.

Uno de los grandes mensajes que se divulgará a través del simposio es que la biopsia líquida ya no se limita a complementar, en determinados casos, a la biopsia de tejido: se presenta cada vez más como una herramienta dinámica y longitudinal. «Hoy la entendemos como un instrumento que nos permite seguir la evolución del tumor a lo largo del tiempo», señala Laura Muinelo. Sin embargo, gracias a los nuevos test de alta sensibilidad, es posible detectar cantidades muy pequeñas de material genético tumoral circulante, incluso cuando el tumor no es visible por otros métodos diagnósticos. «Esto nos permite identificar si quedan restos de enfermedad tras una cirugía, detectar recaídas de forma más precoz o comprobar si el tumor empieza a desarrollar resistencia a un tratamiento», explica la investigadora. «En lugar de esperar a que el cáncer dé señales en una prueba de imagen, podemos adelantarnos y actuar antes».

A este avance se suman nuevas tecnologías que amplían de forma significativa la información disponible. El análisis de ARN circulante, por ejemplo, permite conocer no solo qué alteraciones genéticas tiene el tumor, sino también qué genes están activos en cada momento, aportando una visión funcional de la enfermedad. Otras técnicas emergentes permiten estudiar el microambiente tumoral, es decir, cómo interactúan las células cancerosas con su entorno y con el sistema inmunitario, un aspecto clave para entender la respuesta a los tratamientos.