Eduard, el niño que se salvó en España tras ser desahuciado en Rumanía

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Eduard, atendido después de la operación en el Hospital San Joan de Déu
Eduard, atendido después de la operación en el Hospital San Joan de Déu HSJD

El pequeño, operado con éxito en el hospital San Joan de Déu, presentaba una atresia pulmonar severa que alteraba la circulación de la sangre en su organismo y dificultaba su oxigenación. «En Rumanía nos dijeron que lo lleváramos a casa y esperáramos el desenlace», explica su abuela

18 dic 2025 . Actualizado a las 17:44 h.

Un equipo de cirugía cardíaca del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona ha intervenido con éxito a Eduard, un niño rumano de 10 años que padecía una grave cardiopatía congénita que ponía en riesgo su vida y le impedía realizar actividades tan básicas como mantenerse en pie o caminar. El pequeño había sido desahuciado en su país.

Eduard nació con atresia pulmonar, una malformación del corazón que impide que la sangre llegue correctamente a los pulmones para oxigenarse. En su caso, la arteria pulmonar era extremadamente estrecha —de apenas tres milímetros de diámetro— y estaba prácticamente obstruida. Para compensar esta anomalía, su organismo había desarrollado una compleja red de vasos sanguíneos alternativos, una solución insuficiente que hacía que, a los diez años, su nivel de oxígeno en sangre fuera solo del 65 %, muy por debajo de lo normal.

La enfermedad fue diagnosticada cuando el niño tenía apenas dos meses de vida. Desde entonces, su familia buscó incansablemente opciones médicas fuera de Rumanía. En Alemania, los especialistas le prescribieron un tratamiento con fármacos vasodilatadores que permitió mejorar parcialmente su circulación. Gracias a ello, Eduard pudo asistir al colegio, aunque con importantes limitaciones físicas.

«Podía ir al colegio, pero no podía hacer grandes esfuerzos, como correr o jugar al fútbol, porque estaba muy débil», recuerda su abuela materna.

La situación empeoró gravemente cuando el niño tenía nueve años. Un cambio en la medicación provocó un rápido deterioro de su estado de salud. «Llegó un momento en que no podía sostenerse en pie sin marearse», explica su abuela. Finalmente, fue ingresado en un hospital de su país, donde los médicos comunicaron a la familia que ya no era posible operarlo y que no podían hacer nada más por él. «Nos dijeron que lo lleváramos a casa y esperáramos el desenlace, pero no podíamos rendirnos», relata su familiar.

En su búsqueda de una alternativa, la familia contactó con el Departamento de Atención Privada Internacional del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona. Tras valorar el caso, el cirujano cardíaco Stefano Congiu aceptó intervenir al niño. El 16 de octubre del 2025, Eduard viajó a Barcelona en un avión medicalizado e ingresó en la uci del hospital. Una semana después, el 22 de octubre, fue operado.

«El caso de Eduard era muy complejo», explica Stefano Congiu, el cirujano que lideró la intervención, y añade: «En nuestro país, a estos niños los operamos a los dos o tres años de vida. Por eso, no vemos casos tan graves como el de Eduard. Y por eso también, la intervención que le hicimos fue paliativa. Dada la complejidad de su caso, no podíamos aspirar a curarle en ese momento, sino a mejorar su calidad de vida». El equipo médico que intervino al pequeño consiguió aumentar el tamaño y el flujo de sangre de sus arterias pulmonares, que apenas se habían desarrollado.

La recuperación fue sorprendentemente rápida. A los pocos días de la operación, la saturación de oxígeno en sangre de Eduard aumentó hasta el 85 % y el niño pudo volver a caminar. Ocho días después, recibió el alta y regresó a su país.

Ahora, el equipo del Hospital Sant Joan de Déu seguirá de cerca su evolución en coordinación con el cardiólogo que lo atiende en Rumanía. «Dentro de un año evaluaremos si necesita una nueva intervención y si podemos plantearnos una cirugía correctora», señala Congiu.

A Eduard y a su familia les ha cambiado la vida. «Antes de la operación, no podía caminar ni ir al baño por sí solo, porque cuando se levantaba le bajaba mucho la tensión y el nivel de oxígeno. Ahora, camina y ha mejorado su calidad de vida. Nos sentimos muy contentos y orgullosos con cada pequeño avance», concluye la abuela del niño.