COP30: 30 años de lucha climática y el legado del Acuerdo de París

Pedro Tasende LA OPINIÓN DEL EXPERTO

SOCIEDAD

20 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde la cumbre de Berlín en 1995 se recorre un saldo de progresos y deudas alrededor de la relación de nuestra sociedad con el planeta. El impulso que las renovables han recibido en todo este tiempo es un hecho, así como la vertebración de un marco normativo o acuerdos vinculantes que comienzan a provocar una inercia positiva hacia los objetivos de desarrollo sostenible, no siempre a la velocidad deseada. Treinta años que también hablan de la construcción de una conciencia ambiental a nivel global nunca vista. Sin embargo, la urgencia climática da pasos de gigante al tiempo que las emisiones empujan el termómetro del planeta hasta umbrales que superan el aumento en más de dos grados para finales de siglo, cuando en la COP de París (2015) celebrábamos un compromiso que limitaba ese incremento en 1,5 grados sobre los valores previos a la época de Revolución Industrial.

El impacto de la COP30 a nivel mediático está desinflado. Con Trump y Xi Jinping ausentes —entre otros—, la cumbre de las partes se queda sin vedetes y se traduce en un trámite de continuidad al vacío de grandes decisiones. En Belém tomaron protagonismo las comunidades indígenas del Amazonas gracias a su protesta en la sede de las reuniones. Allí se habla de bosques y diversidad, poniendo freno a la deforestación; de transición justa que acelere las energías limpias, la eficiencia energética y la inclusión social o, no menos importante, la resiliencia urbana, preparando nuestras ciudades para inundaciones y sequías, infraestructuras verdes y gestión de recursos como el agua en todo su ciclo.

El movimiento ecologista también debe admitir que su discurso no está siendo efectivo. No reconocer el esfuerzo de las empresas responsables, el valor de la inversión en innovación y confundir el activismo con la oposición al desarrollo industrial necesario para la transición ecológica, supone un freno que hace perder un tiempo valioso. La industria aporta el 70% de las tecnologías climáticas, pero las narrativas catastrofistas distorsionan su eficacia y ocultan los pasos dados. El discurso ha de buscar un punto de encuentro basado en el rigor y la evidencia científica, el desarrollo de nuevas capacidades industriales y el compromiso del sector productivo y social con el entorno.

También resulta difícil la situación del ciudadano. Está huérfano de educación ambiental, carece de incentivos que promuevan buenas prácticas y acaban por desacoplarse de la acción por el clima. Un claro ejemplo lo tenemos ante el tasazo por la basura que, tras años congelada contra las indicaciones de los expertos, llegamos a vivir la utopía de no actualizar el recibo de su gestión. Ahora llega todo de golpe por no haber hecho los deberes. Es una situación que no tardaremos en ver en el coste del agua o en el de cantidad de servicios que, efectivamente, no caen del cielo.

La cumbre que acoge el corazón de la Amazonia está llamada a romper la brecha entre las promesas y la acción, pero no lo tendrá fácil. Tres décadas de negociaciones no han sido suficientes para avanzar con decisión ante el reto de transformar modelos económicos lineales en ciclos regenerativos, integrando a empresas, gobiernos y ciudadanos. Los dogmas y la polarización llevan a nuestra civilización a nadar contra corriente. La crisis de liderazgo y las convulsiones geopolíticas dejan el Acuerdo de París debilitado, sin financiación justa, ambición real y participación multisectorial. Frenar el calentamiento continuará siendo una quimera si no cambiamos dinámicas a nivel global.

Para todo ello será necesario seguir la senda de la financiación justa, el desarrollo de nuevas profesiones vinculadas a la industria verde, la solidaridad internacional y trabajar activamente en la adaptación a las consecuencias del cambio climático que ya no es un problema de territorios remotos. En ese escenario, Galicia tiene que ser parte de la solución, aportando talento y conocimiento, soluciones ambientales innovadoras, el desarrollo de la economía circular y avances hacia una economía baja en carbono.

*Pedro Tasende es periodista y consultor ambiental.