Los fantasmas

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SOCIEDAD

Alicia Civita

Acuatro días (casi literalmente) del 25N, vuelven los fantasmas. Vuelven los que cada una de nosotras hemos ido acumulando en ese trocito del armario que intentamos no ordenar nunca y en el que lanzamos para encerrar sin contemplación historias de terror de mayor o menor intensidad, pero escalofriantes en todos los casos. Historias de portales y de autobuses. De entrevistas de trabajo y de viajes. Historias de humillación y acoso. Historias de sexismo y menosprecio. Historias, que a veces, tenemos que contar por otras, porque ellas ya no están (Ana, Diana, Laura, Adoración, Sesé, Deborah....).

A cuatro días, literalmente, del 25N, el sentimiento que lo emborrona todo es la rabia. La indignación. La de ver a un famoso por filiación genética ejercer una de esas violencias sibilinas, sordas. Y sobre todo, catalizadoras. Se presenta en un phococall creyendo que es muy gracioso llevar a su pareja tapada con una sábana para descubrirla entre aspavientos y carcajadas. Un ejercicio mil veces fotografiado, un millón de veces reproducido, de la cosificación más extrema. Eso tiene un nombre, una etiqueta absolutamente aterradora. La que facilita deshumanizar a las mujeres, convertirlas en trofeos, en cualquier cosa. La que construye un relato que despeja el camino para otras violencias. A lo mejor este 25N habría que alzar la voz contra la normalización, Julio José mediante, de la violencia simbólica.