Un espectacular balcón al Cantábrico

Tan atrayente como peligrosa es esta cavidad natural emplazada en la Punta da Insua que protagoniza varias leyendas, y que la pasada Semana Santa tuvo de forma inesperada colas de visitantes de toda Galicia


La Cova da Doncela hace honor a las leyendas que desde tiempos inmemoriales se han tejido en torno a ella. Enclavada en la Punta da Insua, en Viveiro, a escasos seis kilómetros de la Punta Socastro, también conocida como Fuciño do Porco, ofrece un espectáculo natural atrayente y cautivador, pero que puede llegar a ser peligroso si no se tiene precaución. Llegar a la entrada de la cavidad es relativamente sencillo. Tras pasar la área etnográfica de A Insua, en donde hasta bien entrado el siglo XX se cargaba el mineral de hierro que se extraía en las cercanas minas de A Silvarosa, una pista forestal que pide a gritos una reparación acaba en las inmediaciones del antiguo vertedero municipal, que fue clausurado hace tiempo. En ese punto arranca un sendero de unos 900 metros de longitud por el monte que, entre eucaliptos, felgos (helechos) y xestas, conduce al visitante a un paraje que desde el primer momento se antoja extraordinario pese a no estar casi señalizado. El mar Cantábrico rodea el saliente, y tanto su fuerte sonido como el intenso olor a salitre que desprende animan a continuar la ruta hasta una cueva que lleva ahí «toda la vida», pero que hasta ahora había pasado bastante desapercibida. Que cantidad de viveirenses nunca la hayan pisado corrobora el dato.

Una vez en la entrada, es necesario agacharse bastante y caminar con las rodillas dobladas o incluso reptar —ahí cada persona se las apaña como puede— durante unos cinco metros hasta el punto en el que la angosta galería empieza a ganar en altura. En el tramo final es posible recuperar el aliento y caminar erguido puesto que el techo supera los dos metros de alto. Y es ahí cuando conviene abandonar las palabras para dejarse mecer por los sentidos y disfrutar de este espectacular balcón sobre el Cantábrico. Es único. Que no haya valla hace que cada quien sea dueño de decidir y valorar hasta donde acercarse.

Cuenta el investigador mindoniense Antonio Reigosa en el libro Cen historias máxicas pola Mariña encantada que dentro de la Cova da Doncela «mora unha fermosa señora que só se pode ver no alborexar da mañanciña de San Xoán». Otras recreaciones relatan que vivía en ella una sirena que atraía a los marineros para hacerlos morir ahogados contra las rocas.

Colas en Semana Santa

Tanto en las leyendas como en la vida real, encanto y peligro van de la mano en la Cova da Doncela, que durante la pasada Semana Santa, cuando el cierre perimetral de Galicia derivado del covid-19 favoreció el turismo interno, recibió un aluvión de visitantes. Y su paso ha dejado huella. No en vano, a lo largo del sendero, antes de llegar a la entrada de la cueva, han surgido en las últimas fechas multitud de pequeños caminos que llegan casi al borde del mar. Desde la cercana playa de Abrela (O Vicedo), era posible ver a personas que se aproximaban al mar en la punta casi de forma temeraria. Y todo porque muchas veces parece importar más mostrar el «yo estuve allí» colgando una foto o un vídeo en Instagram o en Facebook que disfrutar de la naturaleza en sí.

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