Los espectáculos circenses vuelven a quedarse fuera de la desescalada
15 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Cunde un aire de desánimo y resignación entre los pocos empresarios circenses que se quedaron atrapados en Galicia con sus carpas dobladas y sus remolques varados en los charcos que se han ido formando alrededor de las ruedas inmóviles. Cada vez que llega la ola del covid, les cierran como cierran teatros, restaurantes o casas de apuestas. Pero cuando la curva se aplana y se colocan terrazas a medio gas y se aforan los patios de butacas, a ellos no les llega casi nunca el alivio: «Se olvidan de nosotros», lamenta uno de estos empresarios.
Esta nueva minidesescalada ha vuelto a repetir el patrón y el DOG ha vuelto a ser impío con los circos. No hay permiso de momento para que abran: «No podemos hacer nada», admite Marco Zeferino, responsable del Circo Olimpia, cuya estructura lleva meses parada en Ourense. «No tenemos expectativas; nos lo hemos tomado de esta manera y no haremos nada hasta que llegue el momento», explica este empresario, todavía dolido por el gasto en publicidad realizado antes del último cierre que les impidió seguir trabajando.
Los circos son los primeros en ser cerrados y los últimos que reciben el permiso para reanudar la actividad: «Y no lo entendemos, porque aplicamos todas las medidas de seguridad que nos piden: tomamos la temperatura a los clientes, evitamos todos los contactos y hasta trabajamos con una pista elevada a la que los niños no pueden acercarse». Nada de eso ha servido para que los circos pudieran volver a la actividad.
Dicen los empresarios que, en su primera exclusión durante la desescalada de otoño, fueron a pedir explicaciones a la Xunta. «Nos dijeron que había sido un error, pero que ya no lo podían arreglar», explica Denny Gottani, el responsable del circo Gottani. Finalmente, tuvieron la oportunidad de trabajar durante unas semanas, hasta que todo volvió a cerrar. Ahora que la curva mejora, el supuesto error se ha vuelto a producir.
Mientras el DOG se olvida (o no) del circo, los artistas hace tiempo que superaron el límite de la resistencia. Si no hay función, no se cobra y la estructura rodante se para. «En nuestro circo nos hemos quedado solo tres familias —explica Marco Zeferino—. El resto se han retirado a sus casas o han ido a probar suerte a otros circos». Porque no todas las comunidades aplican las mismas normas y las mangas se abren más o menos o no igual para todos: «Y eso que Galicia es de las comunidades que tiene las incidencias más bajas», recuerda Zeferino.
Estas empresas ya sufrieron un duro golpe durante el confinamiento que apenas se vio paliado con los escasos períodos de trabajo: «Nosotros tenemos capacidad para 1.000 personas y hemos llegado a actuar para 30», dice el responsable del circo Gottani. Y no es lo mismo.
Los parones también tienen un efecto en los propios artistas, que van perdiendo la forma a medida que transcurre el tiempo sin funciones. Esta vez tendrán que hacer mucho ejercicio extra para recuperar el tono. Aunque eso es lo de menos. Los circos, que en Galicia trabajan ya sin animales, se conformarían con un poco de comprensión: «Nosotros nos hemos amoldado a los nuevos gustos, pero las instituciones no nos ayudan. Durante todo este tiempo que lo hemos pasado tan mal, ningún ayuntamiento nos ha eximido del pago de tasas, pese a que hemos tenido que actuar con aforos limitadísimos», recuerda Gottani, que reivindica la vigencia de este espectáculo. La lucha contra el covid está siendo dura para la mayoría de los sectores económicos. Pero si encima, las instituciones no te recuerdan cuando se trata de reabrir, se convierte en imposible.