La anomalía oceánica que acompañó a Cristóbal Colón

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El navegante cruzó el Atlántico en el peor momento posible, algo que desconocía por completo

17 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El Atlántico se encuentra en estos momentos en plena ebullición. Ahora mismo en el Atlántico hay dos ciclones tropicales nombrados por el Centro Nacional de Huracanes (NHC) y dos depresiones que podrían convertirse en tormentas tropicales en las próximas horas. En agosto ya se dan las condiciones propicias para que se formen grandes sistemas de bajas presiones tropicales y huracanes. Esto es algo que Cristóbal Colón desconocía por completo. En su época no había tanto conocimiento sobre la ciencia de la atmósfera y mucho menos satélites, la tecnología que supuso una revolución en el seguimiento de estos fenómenos. Si Colón lo hubiese sabido, nunca se habría atrevido a cruzar el océano en este mes del año. El 2 de agosto de 1492, el navegante partió desde el Puerto de Palos (Huelva). El destino quiso que tres días después de zarpar, la expedición tuviese que detenerse en Canarias para reparar una de las carabelas, la Pinta. Los arreglos se prolongaron más de un mes.

El 16 de septiembre las naves retomaron un viaje que acabaría haciendo historia por la conquista de un nuevo continente, pero no por enfrentarse a grandes tormentas que amenazaran la seguridad de la tripulación. No hubo nada de épica en este sentido. Al contrario, en lo que se refiere a la meteorología, Colón dejó constancia en sus anotaciones que los alisios fueron favorables en todo momento y la lluvia ausente, salvo algún chaparrón aislado. ¿Cómo es posible? La actividad ciclónica en septiembre todavía es más intensa. En un análisis histórico sobre la presencia de tormentas y huracanes en el Atlántico desde 1851 hasta el 2014 se puede apreciar que agosto y septiembre son precisamente los meses más activos. 

 

La pregunta todavía no tiene respuesta. Hay muchas hipótesis, pero todas carecen de los datos sólidos que puedan corroborarlas. Una de la tesis apunta a que en aquella época el clima estaba entrando en la Pequeña Edad de Hielo y que la temperatura del Atlántico era más baja de lo habitual, algo que frenaba la génesis de ciclones tropicales, que depende mucho de la evaporación del océano tropical, donde la temperatura del agua en este período del año puede superar los 27 grados. 

Colón tuvo suerte de no encontrarse con estos gigantes de la atmósfera en tres de sus cuatros viajes. Pero en el último no pudo librarse. En junio de 1502 el navegante observó en primera persona el fenómeno tan devastador sobre el que ya había sido advertido por los Taínos, los antiguos habitantes de las Bahamas y las Antillas, al cual se referían como «Jurakán», el más malvado de los dioses. Para aquellas tribus precolombinas solo un poder divino podía ser tan destructor. Colón encontró refugio al sur de La Española. Curiosamente de aquel episodio quedó para la posteridad el término huracán, que hoy se usa para mencionar los sistemas de bajas presiones tropicales que se forman en el Atlántico y el Pacífico oriental. En el Índico reciben el nombre de ciclones y en el Pacífico oriental tifones, otra palabra antigua que permanece de la época precientífica. Tifón era uno de los dioses antiguos del viento.