El fenómeno astronómico que cambió la historia de la humanidad

En el siglo XV surgió un astro en el cielo nocturno que impulsó la conquista de América o la primera vuelta a la Tierra, abriendo una nueva era.


En 1492 Cristóbal Colón conquistó América, abriendo la era de la grandes expediciones y cambiando la historia de la humanidad para siempre. Pero, ¿por qué hubo que esperar hasta el siglo XV para cruzar los océanos?. ¿Acaso otras civilizaciones anteriores no quisieron explorar el planeta para alimentar la curiosidad, ampliar sus fronteras o por puro interés comercial? La respuesta la tiene una de las estrellas más importantes del cielo nocturno: Polaris.

La Tierra tiene tres movimientos: rotación, traslación y precesión. Para esta historia interesa el tercero. La precesión es un movimiento de tipo peonza que hace que el eje de rotación vaya barriendo un cono que corta a la esfera celeste en dos círculos, recorriendo los polos norte y sur celeste. El recorrido completo tarda unos 25. 800 años aproximadamente. A este período se le llama año Platónico. «La estrella que hemos llamado Polaris está muy cerca del polo norte celeste y sirve de referencia. Esto no fue así hasta hace relativamente poco tiempo. Hay que retroceder hasta la época de los egipcios para encontrar una estrella que cumpliese la misma función. En este caso se trataba de Thuban, situada en la constelación de Dragón», apunta Ángel Arós, Profesor Titular de Matemática Aplicada de la Universidad de A Coruña.

Polaris no solo señala el norte y por tanto sirve de guía por la noche sino que además aporta una información fundamental para la navegación. La altura de la estrella sobre el horizonte indica la latitud del lugar. «Si estamos en el polo norte geográfico, estará justo sobre nuestras cabezas, en el cénit, a 90 º sobre el horizonte. Si estuviéramos en el ecuador, la estrella Polar estaría directamente sobre el horizonte, a 0 º de altura», explica Arós.

Cuando un barco pierda la costa como referencia, conocer la posición geográfica resulta vital para evitar una catástrofe. Antes del siglo XV cruzar el Atlántico habría sido mucho más complicado. Los europeos pudieron adentrarse en el océanos porque Polaris los guiaba. «En el siglo XV todavía estaba a 3º del polo norte celeste, pero ya era una buena aproximación. En la actualidad se encuentra aproximadamente a 1 º. En el año 1000, en la época de los vikingos, estaba a 10º y no era una referencia. Lo que hacían era mantener la latitud fija usando el sol de mediodía», comenta. Claro que esto no era posible para largos viajes ya que la altura del astro rey varía con las estaciones. Los vikingos, en realidad, hacían cortas expediciones manteniendo la misma latitud: entre Dinamarca, Inglaterra, Islandia y Groenlandia. «Sin embargo Colón pudo valerse de ambos métodos, solar y lunar para mantener la latitud», sostiene Arós.

En el hemisferio austral, en la actualidad no existe ninguna estrella destacable cerca del Polo Sur Celeste, aunque sí la habrá en el futuro, aproximadamente entorno al año 5.000. Para determinar la posición del PSC hay localizar la constelación conocida como Cruz del Sur y las estrellas Alfa y Beta Centauri. «El punto donde se cortan el palo largo de la cruz con la mediatriz del segmento que una las Centauri es el PNC, aproximadamente. Esto le fue de gran utilidad a Shackleton, por citar una historia famosa, cuando a bordo del James Caird y en una situación bastante desesperada navegó con media docena de compañeros en busca de la isla de Georgia del Sur para buscar ayuda con la que salvar al resto que le esperaban en la Isla Elefante tras fracasar la expedición y perder el Endurance en los hielos antárticos», termina Arós. 

«No he visto nada parecido a un muro que señale el fin de la Tierra»

Xavier Fonseca

Desde la era de las grandes expediciones la navegación se apoya en técnicas que se basan en una trigonemetría esférica

Los defensores de la Tierra plana creen que en la Antártida existe un muro que marca el fin del planeta. Incluso están dispuestos a organizar una expedición hasta el continente helado para probarlo. Sin embargo, quienes han tenido la oportunidad de viajar al extremo sur niegan tal visión del mundo. «Vivimos en un lugar que básicamente es una esfera, ligeramente achatada, pero una esfera. Este conocimiento se remonta a los tiempos de Tolomeo, cuando llegaron a la conclusión de que si todos los astros que observaban en el cielo tenían una forma esférica, por qué la Tierra tendría que ser de otra manera», confiesa Emilio Regodón, comandante del buque oceanográfico Hespérides, que lleva meses navegando por las aguas antárticas para apoyar a diferentes proyectos científicos y realizar la logística con las bases españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla. «Siento mucho ser tajante con todas aquellas personas que han sido abducidas de alguna forma por las teorías terraplanistas, pero se equivocan», añade.

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