«Estaba deseando ver a mis padres antes que a nadie»

Tras más de tres meses en Oviedo, Graciela Daparte regresó a Galicia el día de su cumpleaños

La familia se reunió de nuevo en Sanxenxo y en su reencuentro mantuvieron todas las precauciones posibles
La familia se reunió de nuevo en Sanxenxo y en su reencuentro mantuvieron todas las precauciones posibles

Ourense

La carballiñesa Graciela Daparte es ingeniera. Ella y su hermano están al frente de Arenteiro Ingenieros. La empresa cuenta con una oficina en su Carballiño natal y otra en Oviedo, por lo que es habitual que se pasen la vida a caballo entre las dos localidades. Graciela estaba en Asturias cuando se decretó el estado de alarma y allí ha pasado todo el confinamiento. «Mi pareja es de allí, así que por una parte han sido unos meses geniales. Hemos podido disfrutar de una temporada sin kilómetros de por medio y pasando todas las horas del día juntos, creo que nunca antes habíamos tenido esa oportunidad», admite. Su chico, Daniel Portomeñe, le da la razón.

A pesar de su lado bueno, la situación que ocasionó el avance del coronavirus separó a Graciela de su familia. Sus hermanos y sobrinos lo pasaron en O Carballiño y a sus padres, Magín Daparte y Emilia Villar, los pilló en Sanxenxo. «Tenemos una casa familiar frente a la playa de Montalvo y ellos pasan ahí la mitad del año. Fue una suerte que las cosas coincidiesen así, ya que aquí tienen más espacio y hasta una huerta propia que les mantuvo muy entretenidos», cuenta Graciela. Dice «aquí» porque sí, por fin, tras más de tres meses separados, el domingo se produjo el gran reencuentro entre hija y padres. Con yerno y sobrinos incluidos. «Estaba deseando que llegase el momento, quería ver a mis padres antes que a nadie», dice. Y así lo hizo.

El primer día que el Estado les permitió moverse entre comunidades autónomas, Daniel y Graciela se montaron en el coche y condujeron hasta Sanxenxo. Coincidió a 21 de junio, que no un día cualquiera, el día del cumpleaños de la ingeniera carballiñesa. «Sí, cumplí 40 años y pude celebrarlo con ellos. Sin duda, el mejor regalo», afirma emocionada Graciela. Salieron de Oviedo a mediodía y llegaron a casa sobre las siete. No avisaron a nadie de la familia porque su intención era llegar por sorpresa. «Supimos en el último momento que podríamos viajar ya el domingo, así que fue todo un poco improvisado y nos pareció bonito sorprenderles», explica. La cosa salió a medias porque Magín y Emilia se enteraron un ratito antes de que llegasen su hija y su yerno. «Y mira que al ser mi cumpleaños recibí un montón de videollamadas mientras veníamos en el coche y disimulé todo lo posible», bromea la carballiñesa. El reencuentro fue igual de emocionante e intenso: «Fue una pasada. Por suerte la tecnología nos permitió seguir viéndonos y en contacto diario, pero no es lo mismo que estar juntos», explica. Optaron por mantener las medidas de seguridad: «No hubo abrazos ni besos, estamos intentando tener la máxima precaución». Graciela asume que con sus sobrinos, Mateo y Noa, le costó, y le cuesta más, eso de no achucharse. «Han crecido un montón. Y de hecho tengo un nuevo sobrino que todavía no conozco esperándome en O Carballiño», dice mientras no puede evitar que se le caiga la baba.

Lo primero que hicieron el domingo fue sentarse en la terraza de la casa y hablar. Ponerse al día de todo, mostrarse las novedades de estos últimos tres meses y compartirlas por fin de cerca. Graciela y Daniel vienen por una semana, primero a Sanxenxo, donde están disfrutando de las compras en la lonja y de la playa, a ratos. «En mi vida había visto estas playas tan vacías a estas alturas del año y es algo que me alegra, la verdad, porque sigue siendo fundamental evitar aglomeraciones», admite esta ingeniera. Y en unos días se moverán a O Carballiño donde les esperan los hermanos de Graciela y su nuevo sobrino. «Ahí organizaremos una comida familiar para celebrar mis cuarenta y la llegada del bebé. Aunque me toca trabajar también habrá tiempo para todo», finaliza.

«En estos cuatro meses Nicolás ya es más alto que yo y le cambió la voz»

Nunca Asturias y Galicia estuvieron tan lejos. Cuatro meses sin ver a una hija, única, y a un nieto de 12 años supone toda una eternidad. El fin del estado de alarma ha permitido que Charo Viejo y Silvino Forcelledo pudieran por fin abrazar a Noelia y a Nicolás. El domingo viajaron desde Langreo (Asturias) hasta Allariz para pasar un par de días. Durante este tiempo han tenido contacto constante a través de videoconferencias, pero no es lo mismo. «Ya teníamos muchas ganas de ver a nuestra hija y a nuestro nieto. Antes veníamos cada mes o ella nos visitaba. El reencuentro ha sido muy efusivo. En estos cuatro meses Nicolás ya es más alto que yo y hasta le cambió la voz», afirma la abuela. Volverán pronto a Asturias porque allí tienen a otra parte de la familia, los padres de Charo que todavía viven. «Creemos que habrá mucha gente en las zonas de playa, pero nosotros en cuanto podamos volveremos a Allariz. Aquí hay gente pero no deja de ser una zona del rural, en medio de la naturaleza, no es una ciudad como Gijón. Nos vemos más protegidos», explica. Noelia también tenía muchas ganas de ver a sus padres, casi necesidad. «En cuanto han podido viajaron hasta aquí y estoy muy contenta de verlos por fin», afirma.

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