Cierra el albergue de los sintecho de Riazor

Benestar Social realizará un seguimiento a los 120 usuarios atendidos. Solo se detectó un caso de infección por SARS-CoV-2, que fue aislado hasta dar negativo


A CORUÑA

El albergue habilitado en el pabellón de Riazor para darles cobijo durante la pandemia a las personas sin hogar cierra hoy lunes sus puertas. El dispositivo le supuso al Ayuntamiento de A Coruña un gasto de más de 422.000 euros desde que se abrió el 22 de marzo, 38.000 euros semanales, para financiar los costes de alojamiento, comidas, ropa limpia y servicio de ducha y control médico. La labor de la Concejalía de Benestar Social por evitar que estas personas vuelvan a dormir en la calle "no finaliza aquí", asegura el gobierno local, ya que, tras realizar una historia social de todas ellas, tratarán de buscarles la salida más acomodada a su personalidad y necesidades.

 Según el Ayuntamiento, muchos de los usuarios regresaron a sus municipios de origen o se reagruparon con sus familias, "en algunos de los casos después de años sin tener contacto con los suyos", aseguran. Otros usuarios se alojaron en el Hogar de Sor Eusebia o en la institución benéfica social Padre Rubinos y también les proporcionaron la varias personas usuarias una vivienda de emergencia. La concejalía, que valoró sus índices de empleabilidad, se compromete a realizarles un seguimiento a largo plazo: “Hay un porcentaje que están cronificadas/los por su situación o debido a las adicciones que tienen y resulta más complicado, pero trabajaremos con todas y todos ellos”.

 De las 120 personas que pasaron por el triaje que se les realizaba en la entrada de las instalaciones, 107 se instalaron en el pabellón y 13 no llegaron a entrar, pero se les buscó una alternativa. Del total de personas usuarias, 11acabaron por abandonar el dispositivo, mientras que 15 volvieron con sus familias y a 14 se les ayudó a encontrar un lugar en que dormir. Cinco de ellas salieron para incorporarse a un trabajo, 2 retornaron a los ayuntamientos en que nacieron y a las demás personas se les gestionó una opción donde quedar, bien en un albergue o bien una habitación.

En todo el tiempo en que estuvo activo, no se dio ningún caso de COVID-19, excepto en una persona a la que se le detectó que estaba infectada en el triaje y a la que aislaron hasta dar negativo. Por otra parte, se les dio formación y asesoramiento laboral. Se les enseñó castellano a las personas que no lo sabían y se les ayudó en temas jurídicos y de trabajo, así como a confeccionar sus currículos. Fue, por tanto, "un servicio que trascendió las labores puramente asistenciales y fue integral de cara a conseguir su reincorporación en la sociedad", recalca Benestar Social.

Durante la estancia, el Ayuntamiento les facilitó todas las comidas del día, ropa limpia, espacio para dormir y otros para el ocio, la medicación y un servicio de vigilancia médica prestado en colaboración con el Sergas. Junto al pabellón que se activó el 22 de marzo, el ayuntamiento sumó un segundo dispositivo el 19 de abril en la Ciudad Deportiva de Riazor, que se cerró el 11 de mayo.

María Pita invirtió más de un millón de euros en ayudas durante el estado de alarma

LA VOZ
La alcaldesa Inés Reu visita el albergue instalado en el Palacio de los Deportes de Riazor
La alcaldesa Inés Reu visita el albergue instalado en el Palacio de los Deportes de Riazor

Servicios Sociales financió ell albergue para personas sin hogar de Riazor y repartió 1.176 aportaciones económicas directas para alimentos

El Ayuntamiento destinó 1.100.000 euros a programas de ayuda sociales durante el estado de alarma. Esta cifra, puntualiza el gobierno local, no incluye los gastos habituales ni los contratos existentes que también sirvieron para paliar los efectos derivados de la crisis sanitaria originada por el covid-19.

La mayor parte de la inversión se destinó a la atención de personas sin hogar. Así, se habilitaron dos albergues en el pabellón de Riazor (422.546 euros) con capacidad para 119 camas. Las personas beneficiarias recibieron atención médica, ropa y comida. Además de cubrir sus necesidades básicas, el equipo técnico de la concejalía trabajó con ellos para ayudarles en su inserción y evitar que volvieran a la calle, facilitándoles clases de idiomas y diversas actividades formativas programadas durante el día.

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