Cuando la cocina es el laboratorio

El profesor de Química Física de la USC en Lugo, Wajih Al-Soufi, adaptó sus prácticas al confinamiento

Facultad de Ciencias de la USC en Lugo. Prácticas de laboratorio en casa
Facultad de Ciencias de la USC en Lugo. Prácticas de laboratorio en casa

Vino tinto. Papel de cocina. El móvil, un ordenador o un flexo como fuente de iluminación. Vasos transparentes. Y la cocina se convierte en un laboratorio de termodinámica aplicada para 23 alumnos del Grado de Ingeniería de Procesos Químicos Industriales de la Facultad de Ciencias del campus de Lugo de la USC. El profesor Wajih Al-Soufi lo tenía todo calculado, para que a sus pupilos les quedase claro el proceso de adsorción (que influye en la tinción de tejidos y la depuración de las aguas residuales) echando mano de la técnica de absorción de la luz por parte de una disolución.

«Cuando se decretó la suspensión de las clases, yo estaba convencido de que no podríamos llegar a tiempo para realizar las prácticas en laboratorio y ya tenía experiencia con este tipo de preparaciones caseras o con escasos recursos, porque formo parte del grupo que organiza el campus Xuvenciencia para alumnos de 4.º de ESO y 1.º de Bachillerato. ‘Sería una pena perder esta oportunidad’, me dije», relata.

Tras haber implementado procesos de impresión 3D más asequibles o medidas de fotometría caseras, Al-Soufi elaboró fichas didácticas detalladas y manuales para montar el equipo necesario en casa. Ese era el primer paso de unas prácticas atípicas. El segundo, tutorial por videollamada, ya no suena tan extraño en estos tiempos. «Fue estupendo. Salió muy bien. Al alumnado le encantó. Ya llevaba tiempo confinado en casa y con materia teórica, de modo que aunque la participación era voluntaria, todos confirmaron su presencia», explica orgulloso, al tiempo que apunta las dificultades logísticas: «En ese momento del estado de alarma había cosas que no se podían comprar y yo no podía enviar nada por correo». De ahí el material utilizado (por ejemplo, el papel de cocina en lugar de carbón activo).

La compostelana Adriana Rodríguez Meniño es una de esas alumnas de tercer-cuarto curso que participó en las prácticas. «Na casa apenas tiña mesturado bicarbonato con vinagre, así que a experiencia foi boa. Foi divertida e pareceume ben», concluye, aunque reconoce: «Ó principio pensei: ‘Cantísimo traballo’. Ter que montalo e que saia ben, e que os datos sexan bós, porque se non, hai que repetir». De hecho, la luz elegida en un primer momento le jugó una mala pasada y hubo de reiniciar el proceso.

«Aprendemos recursos e o profesor axudou moito. O meu compañeiro de piso, Cándido, que estuda Veterinaria, estaba abraiado polo tempo que lle dedicamos», explica.

«A nivel autodidacta foi moi beneficioso, pero os laboratorios nunha carreira como a nosa son fundamentais, sobre todo cando hai elementos que non se poden ter na casa», reflexiona. «Cando teña tempo, retomarei na casa algunhas probas que me quedaron ganas de facer», avanza.

Tras esta experiencia, Wajih Al-Soufi prepara un artículo para la revista Journal of Chemical Education, en el que analiza las posibilidades reales de improvisar laboratorios domésticos para fines docentes con resultados precisos.

«Me sorprenden las manifestaciones de negacionistas en Alemania»

Wajih Al-Soufi (Hamburgo, 1962) estudió Física en Alemania y realizó la tesis doctoral en Química antes de mudarse a Lugo, lugar de origen de su esposa, a la que conoció en el laboratorio alemán en el que ambos trabajaban hace más de veintidós años.

Desde Galicia aproxima una visión de la gestión de la pandemia en Alemania y en España: «La reacción a nivel político fue opuesta. Allí hubo colaboración y se tomaron decisiones muy objetivas y técnicas. Aquí, todas esas decisiones estaban sujetas a la presión política, lo que complica todo».

Sin embargo, a pesar de que la disciplina social germana fue mayor, con normas menos restrictivas, Wajih Al-Soufi se muestra preocupado «por el incremento de las protestas públicas protagonizadas por los negacionistas». «Aquí las personas se confían porque creen que ellas no se enfermarán. Si el alemán ve el riesgo y las consecuencias en el prójimo, es más pragmático y sigue las reglas», analiza. «Me sorprendió mucho porque allí la gente es más racional y esto ha surgido en muy poco tiempo. Que se cuestione la veracidad de la epidemia... Solo la ciencia nos puede sacar de este problema», concluye.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Cuando la cocina es el laboratorio