Los equipos NBQ de la Brilat diseñan cada desinfección como si de una operación militar se tratase
20 abr 2020 . Actualizado a las 12:53 h.Desde que se implicó a la Brilat en la lucha contra la expansión del coronavirus, su compañía de Defensa NBQ se ha convertido en uno de los pilares a la hora de realizar labores de desinfección. Y eso que, tal y como reconoce su capitán Fernando Manrique Montojo, «es la unidad más pequeña de la brigada, pero quizás también sea la más especializada».
Como si se tratase de cualquier otro operativo militar, en todas sus intervenciones, ya sean en residencias, asilos, centros penitenciarios o, como ayer, en los hospitales Montecelo y Provincial, «es fundamental realizar un buen reconocimiento». Es por ello que, antes de realizar una actuación, se lleva a cabo un reconocimiento in situ de las instalaciones para «saber con antelación como vamos a realizar la intervención».
Posteriormente, y al mismo tiempo que se lleva cabo el planeamiento, se prepara el convoy y el equipo que se desplazará a la zona. En este punto, el capitán Manrique destaca que siempre se establece «una zona limpia fuera próxima al lugar a desinfectar», así como «una línea de descontaminación en el punto de acceso a la misma», mientras que los militares se equipan con los EPI o equipos de protección individual.
Esta es la pauta común a cualquiera de los muchos operativos en los que han participado estos días, pero a partir de que comienza la desinfección «no hay una regla fija de como proceder, ya que depende de cada edificio». Y es que, «unas veces comenzamos por las zonas comunes y finalizamos con las habitaciones y otras veces es al revés. Es completamente distinto desinfectar la cárcel de A Lama, que es prácticamente un pueblo en sí misma, que una residencia de ancianos, y entre estas los tamaños y las vicisitudes de cada una son completamente distintos».
En este marco, no duda en reconocer que «la parte más complicada está siendo la desinfección de aquellas instalaciones en las que se han detectado casos positivos». Ya no solo se trata de que « las medidas de autoprotección deben ser prioritarias, sino también porque necesitamos coordinarnos mejor con las residencias y, a ser posible, con el personal de sanidad que realiza los famosos test. Es aquí donde nos empeñamos más profundamente».
Es por ello que desde la Brilat se está poniendo especial énfasis en asesorar a los trabajadores de estas instituciones para que adopten las medidas más adecuadas para evitar contagios: «Tengo que decir que, en su gran mayoría, están muy concienciados y los procedimientos que aplican son adecuados», destacó.
Lejía y agua oxigenada
Pese a que NBQ es acrónimo de nuclear, biológico y químico, amenazas para las que se preparan los militares de la Brilat adscritos a esta unidad, el producto clave en su lucha contra el COVID-19 está siendo la lejía, «ya que es muy eficaz y muy económica». Otros productos de uso común que también emplean son el agua oxigenada y el alcohol etílico, pero también cuentan con «con productos más específicos que son nebulizados por equipos veterinarios que se integran en la unidad». En todo caso, remarca que el coronavirus «no es excesivamente resistente y por tanto se usan concentraciones bajas que no son nocivas para el personal».
Está claro que hasta el momento no se dispone de materiales específicos contra el coronavirus, lo que explica que el material de dotación de la unidad pontevedresa, «aunque no estaba pensado para este virus, da una protección muy buena. Nuestro personal está bien protegido», subraya el capitán Fernando Manrique.
Además, disponen de pulverizadores, nebulizadores, termonebulizadores, dos estaciones ligeras de descontaminación...
En cada intervención suelen participar un suboficial al mando de media docena de militares de tropa. En el caso de los de la compañía NBQ, «son cuadros de mando con el curso de especialista en NBQ y tropa veterana con años de experiencia en este campo», concluye.