Iván y Sara Lúa, los dos gallegos de «MasterChef»

La octava edición del concurso de talentos culinarios arrancó además con la hermana de Javier Bardem entre los aspirantes, aunque se quedó a las puertas de entrar


Redacción / La Voz

La 1 abrió ayer las puertas de nuevo de las cocinas de MasterChef para dar comienzo a la octava edición del concurso de talentos culinarios. La de aspirantes anónimos es la más longeva de este formato en España y arrancó con una dinámica un tanto diferente y con el máximo de concursantes de todas las ediciones un total de 17. El programa añadió al primer programa, aún sin la nómina definitiva de participantes cerrada, una prueba de exteriores y otra final con expulsión, algo que comenzaba a verse siempre en la primera gala, ya que la primera era normalmente solo para seleccionar en las cocinas a los concursantes. 

Finalmente fueron 16 los concursantes que se hicieron con el ansiado delantal blanco, quedándose a las puertas Sito, que no fue capaz de resolver con maestría la elaboración de una mayonesa y hacer una tortilla francesa con un huevo de avestruz complicado de manejar entre fogones debido a su tamaño.

Pero antes los tres jueces, Pepe Rodríguez, Samantha Vallejo-Nájera y Jordi Cruz selecionaron a los 20 mejores entre los 50 finalistas de un casting al que en esta ocasión se presentaron más de 30.000 personas. Tres de los ganadores de pasadas ediciones, Carlos Maldonado, Marta Verona y Jorge Brazalez les echaron una mano debido al récord de inscripciones. Ahí ya se comenzó a ver a los variopintos aspirantes, entre los que se descubrió a Mónica Bardem, hija de Pilar Bardem (los jueces se sorprendieron del gran parecido con su madre) y hermana de Javier, que durante más varias décadas regentó una bodega en el centro de Madrid. Su plato no convenció al 100 % al jurado que repartía diez delantales blancos (entraban directamente en el concurso) y diez negros (aún tenían posibilidades de entrar en MasterChef), pero que le dio la oportunidad de seguir como aspirante. 

Con todos los delantales repartidos, los veinte finalistas se desplazaron al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en Cáceres, para realizar una prueba de exteriores con tres equipos, uno rojo, uno azul y uno verde. Debían cocinar un menú de tres platos (a plato por equipo) para 160 personas y ahí comenzaron a verse ya los primeros fallos y nervios de los aspirantes. Finalmente uno de ellos fue a la prueba de eliminación junto a varios aspirantes que llevaban el delantal negro. Tres de ellos se quedaron en el camino, escogidos como los peores en la prueba de exteriores. Entre ellos Mónica Bardem, que aceptó con mucha deportividad y autocrítica las palabras de los jueces: «Como ha salido el plato me parece inadmisible y parte de esa responsabilidad era mía. Personalmente no me puedo dar un aprobado. Si vosotros me lo queréis dar... pero yo no me lo voy a dar». Y tras saber que no entraba en MasterChef añadía: «Estoy completamente de acuerdo con el jurado, aunque la aventura se ha terminado demasiado pronto». Junto a ella otros dos aspirantes se quedaron a las puertas de entrar en el concurso tras la criba de la prueba de exteriores. 

Pero no todo estaba resuelto aún en una noche cargada de emociones. Faltaba la prueba final, en la que uno de los 17 se quedaría también fuera. Y ahí uno de los concursantes gallego, Iván Mariñas, entrenador de A Coruña, que fue elegido por los jueces como el mejor de la prueba anterior, tuvo que elegir salvar a dos compañeros. Se dejó llevar por sus sentimientos y afinidades, y salvó primero a Fidel, uno de los concursantes que más repercusión logró en las redes sociales (y que prometió a Samantha tatuarse el logo de MasterChef si finalmente entraba) y a Sara Lúa, la otra gallega. Se trata de una coruñesa de 34 años que es encargada de la tienda de Rosa Clará. Según sus perfiles en redes sociales, anteriormente trabajó para Gucci y Massimo Dutti, y tiene dos perros. 

La nómina final de concursantes tiene perfiles muy distintos como el de Sonsoles, una vitalista joven en silla de ruedas que desborda optimismo. Inválida desde los 21 años tras sufrir un accidente de tráfico, no se rindió ni se cansó de luchar. «Como yo ya he aprendido desde el dolor, ahora me propongo aprender desde el disfrute», dijo. 

O Juana, que a sus 74 años (y medio), es una de las concursantes más longevas de la historia de MasterChef en España. Es una fan declarada de Cayetano Martínez de Irujo, hasta el punto de emocionarse tanto que es incapaz de hablar ya que se siente muy identificada con él porque ambos perdieron a sus padres siendo unos niños. 

O Saray, una transexual gitana de Córdoba que educadora social. Yo soy gitana, y soy transexual también», explicaba. «Es un tema que no quiero tocar mucho. No soy gay, soy una mujer», afirmó la joven, que se emocionó en varios momentos del programa. 

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beatriz pallas

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Con un país entero encerrado en sus casas y trasteando en los fogones, el chef Jordi Cruz pasa sus días de confinamiento de la manera que mejor sabe: inventando nuevas recetas de casa y retransmitiéndolo en directo desde su cocina particular a través de las redes sociales. Este lunes, a partir de las 22.05 horas, volverá al horario de máxima audiencia de La 1 de TVE como juez de la octava edición de MasterChef protagonizada por aspirantes aficionados

-¿Qué tal lleva el confinamiento?

-Pues como tú. Confinado en casa, intentando pasarlo lo mejor posible, no ver demasiadas noticias, regenerándome, porque llevo una vida muy ajetreada y, dentro de lo malo, estoy descansando. E intentando hacer lo que pueda como ciudadano, que es estar en casa y entretener a la gente un poco con mi trabajo desde la única cocina a la que puedo acceder, que es la mía propia.

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