«A hora dos aplausos é un momento de desconexión»

Marta Gómez Regenjo
Marta Gómez RIBEIRA / LA VOZ

SOCIEDAD

Carmela Queijeiro

El personal del centro de mayores de Ribeira hace un parón todos los días a las 20.00 para recibir la merecida ovación de sus vecinos

10 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Son muchas las personas que cada tarde esperan la llegada de las ocho. En los días de buen tiempo, las cabezas empiezan a asomar a ventanas y balcones mucho antes de esa hora, por respirar aire fresco y por aprovechar el momento para intercambiar impresiones con el vecino de abajo, el de al lado o incluso el del edificio de enfrente. Ese deseo colectivo de interacción con los demás al tiempo que agradecen la labor del personal sanitario a través de los aplausos es común a prácticamente cualquiera que esté confinado, pero es especialmente intenso para algunos, como las trabajadoras de la residencia de la tercera edad de Ribeira.

Ellas, las que pueden, hacen un parón diario a las ocho de la tarde para salir a la puerta del centro a aplaudir y que les aplaudan, al fin y al cabo, también están en primera línea en esta particular batalla contra el coronavirus. Salen también a dar las gracias, unas gracias enormes que llevan escritas en carteles. Dicen que les hace ilusión, es una forma de motivarse y recuperar fuerzas para seguir adelante, así que se arman con sus dibujos y pancartas de arco iris y, si nadie pone música, llevan su propio altavoz: «A hora dos aplausos é un momento de desconexión que se agradece», dicen.

Incluso el personal que no está de guardia se une al aplauso, virtualmente eso sí, a través del grupo de WhatsApp que comparten. «Uns días sae máis xente ás ventás a aplaudir e outros menos, pero dános ánimo, serve para coller folgos». Quienes nunca se pierden la cita de las ocho son los integrantes de una familia que vive en un edificio de enfrente a la residencia.

Dibujos de apoyo

Llueva o haga sol salen a aplaudir al personal que cuida de los mayores internados en el centro y les mandan mucho ánimo. Lo hacen batiendo las palmas y también con dibujos, como los que hace unos días les hicieron llegar los niños de esa familia.

Aunque la situación en la residencia de mayores de Ribeira es tranquila y no se ha notificado ningún positivo, la pandemia se vive con la tensión lógica, dado que las personas de edad forman parte del colectivo más vulnerable al COVID-19, por eso el personal que las cuida y vela por que estén bien recibe como un bálsamo esos minutos de aplauso, a los que en algunas ocasiones se han unido con sus sirenas la Policía Local o los trabajadores de las ambulancias.