Ana

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SOCIEDAD

La dignidad lleva el pelo rubio y una chaqueta encarnada. Los ojos chicos, el alma enorme. Gigantesca. La sonrisa esquiva, pero cómo brillaba. No pudo quitártela. Ni aquella noche de Corpus que te pegó tanto que no respirabas. Y perenne, se asomaba al final de todo aquel relato de horrores que un día perforó un país a través de la pantalla. Esa. Esa ha sido tu victoria, Ana. No pudo mantenerte callada. Ni siquiera cuando te quemó viva en el patio de casa. Y tu nombre, que se empeñó en borrar aunque fuese a patadas, tu nombre se nos ha quedado pintado en la memoria de un indeleble color escarlata.

Eres historia, Ana. Ana Orantes, la mujer valiente que hizo virar la travesía de España. La que una tarde cualquiera se sentó en un plató y con maestría contó todo lo que le pasaba. La primera paliza, a los tres meses de casada. Los insultos constantes. Que si eres un bulto, una analfabeta, que no vales nada. Aquel día que tu hijo se puso enfermo y pensabas que ese era el último de tu vida mientras volvías a casa aterrada. Y que tu hija mayor se casó a los 14 años para huir de unos abusos que no te contaba. No quería que él te pegara. No van a poder. Ni en los juzgados, ni en la política, ni tampoco en las aulas. Tu testimonio, tu vida, tu asesinato, deberían ser materia obligatoria en las escuelas de España. Escuchad. No vais a callarnos. Y por supuesto no vais a callarla.