Una isla de piedra pómez en el Pacífico

Del tamaño de Manhattan, esta formación viaja a la deriva y se cree que se formó a partir de la erupción de un volcán submarino situado cerca de Tonga, en la Polinesia


redacción / la voz

En el Pacífico hay una isla gigantesca a la deriva. Los que la han visto aseguran que, al encontrarse con ella, sintieron como si el mar se hubiera convertido de repente en tierra. Es como una piedra pómez gigantesca, del tamaño de Manhattan. Una enorme balsa de 150 kilómetros cuadrados de millones de trozos de roca volcánica. Los científicos creen que su origen es un volcán submarino situado cerca de Tonga, en la Polinesia, que entró en erupción el pasado 7 de agosto. El enfriamiento rápido del magma habría dado lugar a este curioso fenómeno. Los expertos explican también que puede llegar hasta Australia en el plazo de un año debido a las corrientes oceánicas.

Los primeros en detectar esta isla fueron dos australianos que navegaban en un catamarán a principios de agosto, según informa la BBC. Cuentan que su embarcación se frenó de forma repentina porque el mar estaba prácticamente en calma debido a esta peculiar formación. Llegaron a quedarse atascados. Unos días después la NASA detectó esta masa de roca ligera en una imagen satelital.

Pero hay una teoría que defiende que, más que un problema, esta balsa podría ser una solución para la supervivencia de una parte muy importante del planeta: la Gran Barrera de Coral. Si la isla, que avanza entre 10 y 30 kilómetros al día, llega finalmente a Australia, podría revitalizar esta estructura tan vulnerable. Y la explicación es que no se trata solo de material inerte que entorpece la navegación. En ella ha ido floreciendo la vida. De llegar a la costa australiana, aportaría corales, cangrejos y otras especies que se han establecido en los fragmentos. Durante el 2016 y el 2017 la subida de temperaturas mató aproximadamente la mitad de los corales de la Gran Barrera. Lo que nadie esperaba entonces, cuando se difundieron los datos de este desastre, es que la lava escupida por un volcán en Tonga podría ayudar a revitalizar este monumento natural que en más de un sentido es uno de los termómetros que mide la salud de la Tierra.

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