«Sempre me gustou ir á misa»

Siendo niño, Amador Bañobre aprendió con rapidez el catecismo y comenzó a ayudar al sacristán de su parroquia. Su relación con el ámbito religioso se ha mantenido firme desde entonces

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AMADOR BAÑOBRE PAZ SACRISTAN DE MOMAN XERMADE AMADOR BAÑOBRE PAZ SACRISTAN DE MOMAN XERMADE

Lugo / La Voz

Las parroquias de Momán (Xermade) y Labrada (Guitiriz), limítrofes entre sí, tienen sus respectivos sacristanes. Amador Bañobre, natural y vecino de la primera de ellas, colabora activamente en las dos y sustituye al sacristán oficial cuando falta; ejerce como tal en otras tres -O Val de Xestoso y O Alto de Xestoso, pertenecientes a Monfero, y Cambás, correspondientes Aranga-, e incluso es solicitado en Semana Santa para cantar saetas en Meira, además de entonarlas en las mencionadas parroquias.

Su vínculo con la religión empezó en la niñez. Los miércoles y los sábados tocaba catecismo en la escuela de Momán, un aprendizaje que se completaba los domingos en la iglesia. Las lecciones le reportaron entonces algún provecho, como él evoca. Por un lado, el párroco le dio una propina -50 pesetas de mediados de los años cincuenta, que recuerda como un pequeño tesoro- por haber aprendido el catecismo en pocos días: le hizo varias preguntas, y las respuestas del alumno le hicieron ver que su conocimiento era firme.

Por otro lado, siendo aún niño aprendió a rezar el rosario y pronto se encargó de dirigirlo con los fieles. Su dominio impresionó un día a una mujer presente en la iglesia, que no dudó en darle 25 pesetas. Hoy, cuando hay un difunto en el tanatorio de la parroquia de Momán, Amador Bañobre es el encargado de dirigir el rezo del rosario.

En la niñez, por influencia del sacristán de su parroquia, se familiarizó con tocar las campanas, ayudar a misa o llevar la cruz en las procesiones o en los entierros. Describe todo eso con sencillez: «Sempre me gustou ir á misa», dice Amador Bañobre, que incluso aplicó su profesión -fue carpintero- a la reciente reforma de una capilla de Momán, pues colaboró en la colocación de madera en paredes interiores. La población de las parroquias ha bajado en las últimas décadas, aunque él cree que el porcentaje de vecinos que van a misa es estimable: «Para a xente que hai, porque imos a menos, aínda hai bastante xente», afirma.

Su afición a cantar también se canaliza en su parroquia natal y en las otras en las que colabora, puesto que en misa canta antes de la lectura del evangelio y durante la comunión. Pese a haberse iniciado en el culto cuando el latín tenía más protagonismo en la liturgia, no cantó nunca en ese idioma y considera que la misa actual, oficiada en castellano o en gallego, no tiene nada que envidiar a la de antes: «Para min quizais é máis bonita, porque participa máis o pobo», explica.

A las tareas que realiza como sacristán oficial o suplente los domingos se unen la compañía y la función de chófer que le presta al cura de las parroquias, Luis Rodríguez Patiño. Amador Bañobre sale de Momán, recoge al párroco en O Val de Xestoso y el recorrido acaba tras más de cien kilómetros y cinco misas, en las que uno y otro ejercen sus respectivas funciones. A sus 76 años, a Amador Bañobre no se le pasa por la cabeza el abandono de esas tareas, pues afirma que seguirá mientras pueda «e o cura queira».

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