¿Te encuentras peor estos días? Los cambios bruscos de temperatura también influyen en la salud

Resfriados, cansancio, dolores de cabeza, irritabilidad e, incluso, problemas cardiovasculares

Los gallegos han estado disfrutando de la playa pero ha vuelto el abrigo
Los gallegos han estado disfrutando de la playa pero ha vuelto el abrigo

redacción / la voz

En tan solo 48 horas hemos pasado en Galicia del verano al invierno con casi 20 grados de diferencia en las temperaturas. De la sombrilla al paraguas, del bañador al abrigo y de las sandalias a las botas, otra vez. Un giro de 180 grados en el tiempo que tiene muchas consecuencias en nuestro cuerpo.

Catarros, más cansancio, irritabilidad e, incluso, más problemas cardiovasculares. ¿Por qué? La temperatura de nuestro organismo se regula a nivel central, en el cerebro, concretamente en el hipotálamo que intenta mantenerlo entorno a los 36,5 °C. Con mecanismos que producen calor y mecanismos que pierden calor se llega a un equilibrio para ajustar la temperatura a ese nivel.

¿Qué pasa cuando pasamos del frío al calor en poco tiempo como estos días? «Se produce un desequilibrio que produce un trastorno. Nuestro sistema inmunológico tiene que adaptarse a una nueva situación pero los virus están ahí al acecho y lo que hacen es atacarnos. No hay que olvidar que son gérmenes oportunistas que aprovechan cualquier momento de debilidad, cuando nuestras defensas están más bajas», explica Fernando Toba, médico del servicio de urgencias del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. Por eso, en momentos como este, tenemos más posibilidades de coger un resfriado, aumentan las alergias de tipo respiratorio y las complicaciones cardiovasculares. Las personas con enfermedades crónicas como EPOC, diabetes o asma lo notan todavía más.

«También tenemos reguladores de la temperatura a nivel periférico. En la piel, en las cavidades nasales, en la lengua, en la córnea... Nuestro organismo localiza ese cambio brusco de temperatura y cierra las arterias y las venas produciendo una vasoconstricción. Esa vasoconstricción genera una mayor tendencia, por ejemplo, a tener anginas, infartos y trombos», explica el sanitario. Uno de los últimos estudios publicados y presentado en el congreso del American College of Cardiology demostró que las fluctuaciones térmicas de un día para otro aumentaban el riesgo de ataque cardíaco. Por cada 5 grados de oscilación térmica, el riesgo de infarto se incrementa un 5%, según la investigación.

Y las consecuencias no se quedan ahí. Aumentan mucho los problemas articulares y se tiene más tendencia al cansancio, menos capacidad de concentración y más irritabilidad. «El hipotálamo, al tener que centrar más energía en generar calor, produce ese desequilibrio interno que favorece el malestar», resalta Fernando Toba. Es lo que se conoce como estrés térmico que también puede incrementar los dolores de cabeza.

¿Cómo podemos intentar prevenir las consecuencias de estos cambios bruscos de temperatura? «Es muy importante una buena hidratación y, todavía más en estos días, una alimentación adecuada. Si hace frío hay que tomar una comida más energética para darle al organismo gasolina para subir la temperatura corporal. Y, si hace calor, podemos ingerir menos energía. No hay que olvidarse de algo muy obvio en lo que todos fallamos: utilizar la ropa adecuada a cada tiempo», recuerda el doctor Toba.

Hay que prestar especial atención a los niños menores de cinco años y a las personas mayores porque son los grupos más vulnerables. Su sensación de frío y de calor no es tan precisa por lo que es muy importante que se abriguen bien.

«Tenemos que volver a recordar cómo afrontar un resfriado porque va a ser compañero de muchos durante estos días. No hay que olvidar que es un catarro común y que provoca síntomas como congestión o secreción nasal, tos, estornudos, dolor de garganta, fiebre baja y dolores de cabeza. La mayoría de las personas se cura por sí sola y solo requiere tratamiento sintomático, como antitérmicos (paracetamol o ibuprofeno), reposo e hidratación», recuerda el médico de urgencias. Nunca hay que tomar antibióticos sin prescripción médica.

«En urgencias notamos mucho estos cambios de temperatura. Los termómetros influyen en la saturación», advierte.

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