El sol se queda sin manchas, ¿qué le está pasando?

El astro rey se aproxima a su mínimo de actividad y algunos investigadores consideran que podría entrar en un período de letargo

Puesta de sol el pasado 19 de noviembre en Vigo
Puesta de sol el pasado 19 de noviembre en Vigo

Durante todo el mes de febrero, la comunidad astrónoma no observó ni una sola mancha en nuestra estrella. En realidad, esta anomalía es algo relativamente común. «Eu coñezo ben isto, porque algúns anos, nas prácticas de astronomía temos que acudir a observacións doutros ciclos solares para que os alumnos poidan ver manchas solares», reconoce José Ángel Docobo, director del Observatorio Astronómico de la Universidad de Santiago.

La actividad del astro rey se fortalece y debilita con una cadencia de unos once años «Estes ciclos nunca se comportan igual. Poden ter máis ou menos intensidade. No pasado houbo eventos como o mínimo de Maunder, entre os séculos XVII e XVIII, cando desapareceron as manchas por completo durante décadas ou tamén o de Dalton, que tivo lugar máis recentemente, no XIX», comenta Docobo. Comparado con los 70 años consecutivos que el sol estuvo impoluto, los 28 días se quedan en algo anécdótico.

Sin embargo, la última vez que se registró un mes entero sin manchas fue en el 2008, coincidiendo con el mínimo del último ciclo, que se desarrolló con una actividad lo suficientemente baja como para llamar la atención de la comunidad científica. «Como o último mínimo foi tan frouxo, estase pensando que podería darse un destes mínimos históricos neste século. Hai que agardar porque a verdade é que non está moi claro por que se producen estes picos de mínima actividade», reconoce el astrónomo gallego.

Los investigadores consideran que el sol podría estar ocultando un cicló aún por descubrir, más largo que el de once años, y que le tocaría entrar en una fase de poca actividad. «Esta idea estase a reforzar pola escasa actividade que está tendo a estrela nos últimos anos. O que non está tan claro é se imos cara unha situación parecida á de Maunder ou o á de Dalton, que non foi tan intensa», apunta Docobo.

Los efectos que un mínimo solar tiene sobre el clima en la Tierra también es otro asunto sobre el que hay todavía más preguntas que respuestas. Sí se sabe que durante el de Maunder coincidió con el período conocido como Pequeña Edad de Hielo, una etapa de bajas temperaturas. Algunos de los ríos de Europa quedaron completamente congelados. En el de Dalton, entre 1790 y 1830, también se registró un descenso de la temperatura media. En 1816, ocurrió el famoso año sin verano, aunque este episodio fue causado por la potente erupción del volcán Tambora. Durante los próximos meses, la comunidad científica no le quitará ojo a la estrella, por si puede dar nuevos indicios de sus planes. Haga lo que haga, eso sí, no se frenará en absoluto el calentamiento global.

El día que casi volvimos a la Edad de Piedra

XAVIER FONSECA

En julio del 2012, la Tierra estuvo a punto de sufrir el impacto de una llamarada muy potente que habría acabado con los satélites de comunicación. El riesgo de sufrir una tormenta solar en el futuro es una posibilidad real. España no dispone de un protocolo de actuación

El 23 de julio de 2012 la humanidad estuvo a punto de regresar a la Edad de Piedra. La Tierra se libró por muy poco del impacto de una potente llamarada solar que fue tan intensa como la que se registró en 1859, conocida como evento Carrington. «No afectó a la Tierra por una semana. El proyectil procedente del Sol impactó en el lugar de la órbita en el que se encontraba la Tierra siete días antes. La National Academy of Science estimó que de haber afectado a nuestro planeta, los costes de la reconstrucción de los daños serían 20 veces mayores que los que implicó el huracán Katrina», explica el físico Jorge Eiras, director del curso Riesgos Naturales para la Seguridad que organiza la Universidade de Santiago. Cada vez que el Sol estornuda libera una gran cantidad de energía que alcanza el planeta en unos días. «Cuando esta materia llega a la Tierra, lo cual ocurre constantemente a baja intensidad en forma de viento solar, nuestro campo magnético actúa como escudo protector, desviando estas partículas hacia los polos, y causando las conocidas auroras boreales», dice Eiras.

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