«Me hice insumisa: si mi hijo no puede entrar en una cafetería, yo tampoco»

La socióloga Raquel Martínez Buján sostiene que en la sociedad actual a los padres se les excluye del ocio común y se les empuja a fantasías artificiosas

La socióloga de la UDC Raquel Martínez Buján
La socióloga de la UDC Raquel Martínez Buján

redacción / la voz

El individualismo, la bajada de la natalidad y la configuración de los espacios públicos y privados están detrás de algunos comportamientos de lo que se ha venido en llamar antiniñismo o niñofobia. Así lo ve desde la sociología Raquel Martínez Buján, decana de la Facultade de Socioloxía de la UDC. Sostiene que en los vetos que veces se hacen a los pequeños en hoteles o bares se coloca el menor en una situación de vulnerabilidad: «Él no puede decir: "¿Y por qué yo no voy a tener derecho a estar aquí y tú sí?" Para mí es una vulneración total de sus derechos como ciudadano».

-¿Este tipo de actitudes forma parte de un proceso de individualismo social irreversible?

-Más bien de una fantasía de individualidad. Las comunidades son comunidades cuando todos nos podemos relacionar. Me parece muy grave que no consideres que eres responsable de la sociabilidad de un niño o una niña. Perder ese valor me parece muy grave. Con ello la gente que tiene niños acaba yendo a sitios específicos para niños, con lo cual se crea otra fantasía. Esos son sitios son muy artificiales. Y juntar a muchos niños en un espacio así tampoco creo que sea muy saludable. No vas a hacer una cafetería-guardería, ¿no? Pues cada vez se hacen más. Y restaurantes con espacios lúdicos separados. Eso aparece porque los padres no encuentran lugares en donde poder desarrollar su ocio.

-¿Se está construyendo una sociedad para gente con hijos y otra para gente sin ellos?

-Y, lo peor, en ese esquema solo tienen derecho al ocio la gente sin hijos [risas]. El ocio común, el que configura la ciudad y le da forma geográfica, queda recluido para un grupo de personas. No para los que tienen hijos. Eso al final crea fantasías, ciudades en las que se les pone trabas a determinados grupos de personas. Solo sirven para una población que sea productiva, que coma, que esté tranquila y que lo haga rápido para dar paso al siguiente que esté en la mesa. Ese es el ocio que se promociona. No el de estar en la calle disfrutando sin que parezcas un indigente.

-¿En lo rural no ocurre lo mismo?

-En el ámbito rural hay espacios donde se ve a los niños de un modo más natural. No es un ente que estorbe, es una persona que está ahí, que forma parte del uso colectivo del espacio. Y su cuidado también es colectivo.

-¿Podría llevar esto a una distopía en la que, por ejemplo, se vetase el acceso a ancianos?

-Eso es el lado perverso de todas estas consideraciones. ¿Me molestan los extranjeros? Pues venga, los quito de delante. En el fondo, es no amar lo que es lo social. ¿Los niños molestan? Vale. Pero es que los espacios de ocio hacen que sea difícil ir con un niño. Choca con las sillas. Choca con las mesas. Hay que apartar cuchillos. Llegué a un momento en el que yo me hice insumisa. Dije que si mi hijo no podía entrar en una cafetería yo tampoco. Por eso la gente va tanto a los centros comerciales.

-Cada vez hay más gente que al casarse no quiere que haya niños en la boda. ¿Qué le parece?

-¡Pero si siempre todo el mundo quería niños! Eso es la fantasía de la juventud, de que esto se puede prolongar hasta el infinito. Creo que viene dado también por la escasez de contacto con pequeños. Luego vienen las frustraciones cuando se tienen hijos. Las expectativas y lo que realmente es resulta muy diferente. Y cuando llega te encuentras con situaciones extrañas. Por ejemplo, vas a un restaurante y tienes que especificar antes si vas con niño. ¿Qué pasa? ¿No es una persona que ocupa un sitio?

-En algunos casos se hace para que, en lugar de vetar a los niños, se colocan en espacios donde molesten lo menos posible.

-Pero es que a lo mejor a mí me molestan las familias sin niños. El otro día estaba tomándome un café y me estaba molestando mucho una pareja a mi lado. Hablaban de Vox y de que les iban a votar. ¿Qué le digo al del bar? ¿Que los ponga en un rincón? Entiendo que puede ser molesto, pero forma parte de la convivencia.

La «niñofobia» es inconstitucional

Todas las personas somos titulares de derechos y deberes, de los que disfrutamos o que debemos cumplir, independientemente de nuestra edad. Esta no puede ser utilizada para privarnos de derechos, pero tampoco puede ser el argumento para tratar a los niños como si fueran adultos, pues por razón de su minoría de edad y en garantía del interés superior del menor, resulta necesario establecer algunas condiciones en el ejercicio de sus derechos o incluso es preciso adoptar medidas especiales para protegerlos. Nuestra Constitución establece la prohibición de discriminación por razón de edad, lo mismo que la Convención sobre los Derechos del Niño o la Ley de Protección del Menor. 

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