Redacción / la voz

Hacer un paréntesis y dedicarle un tiempo al perro en exclusiva. Lograr que el animal se relaje y relajarse con él. Beneficiarse ambos de los efectos terapéuticos de toda la gama de estiramientos y ejercicios de respiración de una sesión. En todo eso consiste el doga o yoga canino, una tendencia importada de Estados Unidos y con cierto predicamento en Europa, que ya se empieza a practicarse en Galicia.

En Santiago Patricia Guerrero se dedica a difundir sus conocimientos sobre ella. «Lo hago desde hace cuatro años», señala esta catalana que se ha instalado en Galicia para desarrollar su actividad. «Básicamente se trata de adaptar los estiramientos del yoga a los perros, que tienen una musculatura diferente a los humanos», explica. «Primero, hay que hacer masajes y estiramientos. Luego las posturas, pero sabiendo leer el lenguaje corporal del perro para que este disfrute. Y, al final, la relajación total, con respiración, música y aromaterapia».

La monitoria asegura que los beneficios son inmediatos. «Con el doga en los perros ocurre lo mismo que en las personas -reflexiona-. Además de reforzar su musculatura y la circulación, se crea un vínculo muy positivo entre el perro y la persona, siempre que se haga bien». En este punto, Guerrero hace un especial hincapié: «Esto se puede ver como una práctica algo friki, pero es fácil hacer un estropicio. Si no se hace adecuadamente puedes llegar a tener un conflicto».

 Igual que con un hijo

Guerrero compara el doga con el yoga que puede hacer un padre con su hijo. «No es lo mismo que cundo haces yoga para ti solo, sino que se adapta a él, que tiene un cuerpo muy diferente. Pero creas un tiempo dedicado a tu perro, reafirmando su relación y desestresándolo. Siempre recomiendo que se haga después de hacer deporte porque creo que es el mejor momento. Yo con mis perros hago mucho deporte y el doga va luego».

Consciente de que se trata de una práctica de minorías y la dificultad que muchos tienen que para desplazarse a un lugar concreto, en el doga se estilan mucho los cursos y las sesiones por Internet. «Es algo que aquí está empezando -señala-. La gente viene a probar a sesiones presenciales, pero también lo hace mucho en casa a través de sesiones on-line. Yo creo que ese es el mejor sitio».

«Muchas personas primero ven mis cursos. Luego me mandan los vídeos haciendo prácticas con el perro y yo se las corrijo. Poco a poco, van aprendiendo cosas de su perro que desconocían totalmente y se notan los beneficios», detalla. Como suele ocurrir, el hábito crea la necesidad y, tanto humanos como animales, acaban por demandar ese paréntesis de doga, asegura.

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El «doga», el yoga que relaja a los perros