«O muro é unha traxedia para Ferrol»

chema corral FERROL / LA VOZ

SOCIEDAD

JOSÉ PARDO

Manuel Couce, exalcalde de la ciudad naval, pilotó las negociaciones con Defensa para derribar 242 metros de la muralla que impide a los ferrolanos ver el mar

06 feb 2019 . Actualizado a las 08:02 h.

«Alcalde, tira la muralla». Era una de los mensajes que decoraban allá por los noventa el largo muro de piedra, de siete metros de alto, que separa las dos mitades de Ferrol, la civil y la militar. Dos almas que se tocan pero que, como el agua y el aceite, no acaban de mezclarse. El recado caló y en diciembre del 1993 cayó el primer tramo de la tapia que impide a los ferrolanos ver el mar. Todo un símbolo.

«Tirei dun cabo e a muralla veuse abaixo», apunta el entonces alcalde ferrolano, Manuel Couce Pereiro (PSOE), recordando el ceremonial de aquel acto en el que no faltaron ni el discurso oficial -«este monstro de pedra estaba estragando a visibilidade paisaxística da cidade», arengaba el entonces regidor socialista- ni los fuegos de artificio.

Arrancaba el derribo de los 242 metros situados entre la vieja puerta del astillero y la actual, que era sustituida por una verja de hierro fundido. Era, sin duda, un episodio clave de aquel mandato, pues materializaba una demanda permanente de los vecinos. Tanto es así que, tiempo atrás, el Concello felicitaba el año a los ciudadanos con una postal que rezaba «Feliz año 1991... ¡y sin muralla!». Y cuantos desde primera fila de la política local protagonizaban aquella escena confiaban en que fuera un primer paso para el eterno objetivo de abrir Ferrol al mar.

«Aquilo foi froito dunha negociación importante», anota Couce, quien relata los entresijos de aquel acuerdo histórico, y explica que todo sucedió en el marco de la cesión del antiguo hospital militar, en Esteiro, para crear el campus de Ferrol.

En aquel contexto se produjo la visita del secretario de estado de Defensa, quien, como apunta Couce, llegó a entrar en el astillero «en plan clandestino, coma se fose un visitante máis que acudía co alcalde para ver o que había detrás daquel muro de pedra». Se trataba fundamentalmente de que viera que echar abajo aquel pequeño trecho de la muralla no comprometía la seguridad de las instalaciones, y permitiría descubrir a los ciudadanos y visitantes parte de las dependencias de la antigua Bazán, hoy Navantia Ferrol.

Todo sigue igual

Pero, casi treinta años después, apenas ha habido avances. Y el recinto amurallado, aunque perdió otro tramo próximo al Cantón de Molins, sigue como cuando se levantó, en el siglo XVIII. Dos mundos paralelos, aunque estrechamente ligados.

«O muro é unha traxedia para a cidade, unha de tantas, e aquí ninguén fala diso», remacha un Couce harto de que el tema solo se recupere cada cuatro años, cuando se acercan las elecciones, y los diferentes partidos recuperan la propuesta de abrir Ferrol al mar. Un compromiso nunca materializado.

Patrimonio Mundial

«Hai que dicilo: estannos usurpando as vistas á cidade». Y, así, los ferrolanos se pierden el mar, además de auténticas joyas como el Puerto Chico. Pero tan firmes como la muralla son las reticencias de Defensa a que este desaparezca. Los motivos esgrimidos, desde razones militares hasta la confidencialidad.

«Non se trata de tirar o muro e listo, hai outras opcións que permitirían ver e gozar dun patrimonio que é de todos», espeta el exregidor, lamentando el desinterés de los sucesivos gobiernos en abordar el tema.

El Arsenal, que ha conseguido hacer compatibles las funciones de mantenimiento y aprovisionamiento de buques en el siglo XXI con el respeto a las construcciones históricas, surge como uno de los pilares de la candidatura del Ferrol de la Ilustración a patrimonio mundial. Paradójicamente sigue siendo un misterio para muchos ferrolanos, que pasean a diario junto al muro, ajenos a los secretos que tras él se esconden.