Destripando finales


Destripar el final de una serie o de una película se ha convertido en uno de los actos de máxima descortesía hacia el prójimo dentro de los protocolos no escritos del espectador actual. Por preservar al máximo la esencia de la sorpresa, hay ficciones que graban incluso distintos desenlaces para evitar que cualquier filtración pueda dar al traste con la ilusión del público. Productos carísimos como Juego de tronos se han gastado una parte de su elevadísimo presupuesto en despistar incluso a su propio equipo rodando varios remates diferentes a precio de oro sabiendo que solo uno de ellos llegará a emitirse. Pero esto no fue siempre así.

Hubo un tiempo en que el sagrado concepto del spoiler no existía. Para la historia de la televisión en España ha quedado aquella portada de la revista Supertele en la que se avanzaba sin disimulo y con grandes letras: «Chanquete se muere el domingo». Conocer el infausto destino del personaje no impidió que a todo el país se le muriera algo en el alma ni fue motivo para un descalabro en los índices de audiencia. Lo mismo le pasó esta semana a Telecinco cuando anunció con un día de antelación que su concursante conseguiría por fin resolver el Rosco. Lejos de ahuyentar a la masa, el concurso de Christian Gálvez logró la emisión más vista de su historia.

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