La tragedia de los lagos menguantes

Europa se va a dividir en el futuro en dos zonas climáticas

El lago Poyang en China se ha convertido en una pradera
El lago Poyang en China se ha convertido en una pradera

REDACCIÓN / LA VOZ

Ninguna de las civilizaciones que han habitado la Tierra en el pasado han ejercido una presión tan intensa sobre la naturaleza como la que ejerce cada día el hombre del Antropoceno. Su actividad cotidiana, entre otros efectos, ha llevado al clima hacia un calentamiento global que está alterando el recurso más preciado que existe en el mundo, el agua. «En un planeta más cálido se refuerza su ciclo. La evaporación aumenta y como consecuencia también las precipitaciones, pero al mismo tiempo las zonas secas reciben cada vez menos lluvia. Europa, por ejemplo, se va a dividir en el futuro en dos zonas climáticas. Desde el centro hasta el norte será más lluviosa y la zona Mediterránea será más seca», explica Javier Martín Vide, director del Instituto del Agua.

Evolución de la pérdida del agua en el mar de Aral desde 1970 hasta la actualidad
Evolución de la pérdida del agua en el mar de Aral desde 1970 hasta la actualidad

Existen dos casos de sobreexplotación de recursos hídricos que son paradigmáticos y que ponen de manifiesto que el ser humano ha pasado por allí. Uno es el mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán. En el pasado fue el cuarto lago más grande del planeta, con una extensión de 65.000 kilómetros cuadrados. Hoy, sin embargo, apenas queda un 10 por ciento de agua. «Ahí hubo una causa climática de aridificación del lugar, pero sobre todo una acción local», comenta Martín Vide. Efectivamente el clima por sí solo no puede borrar del mapa el mar de Aral. El retroceso comenzó en la década de los 60 del pasado siglo, cuando la Unión Soviética decidió situar en pleno desierto enormes plantaciones de algodón y arroz, dos cultivos que requieren de una gran cantidad de agua. Para mantenerlos, Stalin modificó el curso de los dos principales ríos que daban de beber al mar de Aral.

El último lago que ha menguado de forma espectacular por la acción del hombre y el clima está en China y se llama Poyang. Se trata del conjunto de agua dulce más grande del gigante asiático. En 1363 fue testigo de la mayor batalla naval de todos los tiempos, en la que participaron 850.000 soldados. Sin embargo, su historia se está evaporando hoy al mismo ritmo que lo hace el agua, que en su momento llegó a tener una profundidad de 25 metros y cubría una extensión de 4.400 kilómetros cuadrados. El lago se ha convertido ahora en una especie de pradera por la que se puede caminar. La extracción de arena -una industria en alza en un mundo que no para de construir ciudades- y una intensa sequía han conseguido esquilmar el lago por completo. «Desde un punto de vista ambiental esto es una catástrofe. Uno de los problemas más importantes que afronta la humanidad tiene que ver con el agotamiento de los recursos de agua dulce», finaliza el experto.

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