Pulsos magnéticos para tratar adicciones

Un equipo gallego trata a pacientes enganchados a la cocaína y el alcohol con estimulación cerebral y prepara un ensayo clínico para probarlo con el tabaco


redacción / la voz

Luca Rossi había intentado ahorcarse en su habitación de Perugia (Italia) en el 2012. Tenía 35 años y un brillante futuro por delante como médico. Pero era un adicto al crack de cocaína, que lo acabó empujando al suicidio. Su vida no tenía sentido hasta que su padre, un químico, leyó en un periódico una investigación publicada en Nature. Un grupo de neurocientíficos italianos y estadounidenses habían entrenado a ratas para buscar heroína de forma compulsiva y luego las sometieron a un tratamiento de estimulación cerebral en el área del cerebro que controla los impulsos. Fue así como los roedores abandonaron así su hábito. A partir del experimento, los científicos propusieron la estimulación selectiva con ondas magnéticas, un método no invasivo, de la región análoga en el cerebro humano, la corteza prefrontal. Y fue así también como Luca retomó el control de su vida.

La estimulación magnética transcraneal para el tratamiento de las adicciones, aún experimental, se ha aplicado desde entonces a numerosos pacientes y desde hace un año también se administra en Galicia. Lo ha hecho como terapia compasiva en doce personas afectadas por el consumo compulsivo de alcohol y de cocaína y otras drogas. Todos eran casos desesperados, en los que no funcionó ninguna otra alternativa, que fueron atendidos en el Centro de Estimulación Cerebral de Galicia, una unidad del Instituto Médico Arriaza que surgió del grupo Neurociencia y Control Motor (Neurocom) de la Universidade da Coruña. «Eran perfiles realmente complicados, con graves desórdenes en su vida social, familiar, personal y laboral», explica Javier Cudeiro, el responsable del equipo, que implantó la técnica en Galicia después de trabajar con ella durante un año en el departamento de Neurología del Berenson-Allen del hospital Beth Israel, asociado a la Universidad de Harvard.

La estimulación magnética se utiliza fundamentalmente para tratar la depresión severa, pero ahora también ofrece una esperanza para combatir las adicciones. En los casos tratados en A Coruña, con un protocolo adaptado al iniciado por los científicos italianos y estadounidenses, se consiguió un porcentaje de éxito superior a 60 %.

«A los pacientes -apunta Cudeiro- les medimos con un test su estado de ánimo, ansiedad, depresión y el deseo de consumir. Y lo que observamos fue una disminución de la ansiedad y una reducción del deseo de consumir. También vemos que tienen un menor componente depresivo y ellos mismos te dicen que tienen una mayor capacidad de control sobre ellos mismos».

Apoyo familiar

El tratamiento es clave en la mejora de los pacientes, pero también lo es el apoyo de sus familias. «Nosotros -dice el investigador- los podemos ayudar, pero sin un apoyo importante del entorno no funciona. Tiene que haber alguien que los controle después».

El procedimiento seguirán aplicándose en el centro para los casos graves de alcoholismo y drogadicción, pero en el futuro también se probará con el tabaquismo. La Xunta ha financiado un ensayo clínico en el que se pretende reclutar a entre 60 y 70 personas para iniciar el tratamiento experimental, en los que se probará la estimulación magnética transcraneal tanto en personas que quieren dejar de fumar como en un grupo de pacientes de control. Todos recibirán sesiones diarias de 40 minutos durante dos semanas. La búsqueda de los candidatos aún no ha empezado, ya que se está pendiente de la aprobación del experimento por parte del Comité de Ética de Galicia.

Pero, ¿cómo es posible controlar las adicciones? Las drogas que generan dependencia aumentan la cantidad del neurotransmisor dopamina en el circuito de recompensa, lo que produce una sensación de placer y el deseo irrefrenable de seguir consumiendo la sustancia que nos produce esta reacción. Sin embargo, la corteza prefrontal actúa para ejercer un control inhibitorio que frena este proceso y evita la repetición de la conducta adictiva. Esto ocurre en las personas sanas, pero en las más propensas a engancharse este sistema de control no funciona adecuadamente. De lo que se trata, entonces, es de estimular esta zona del cerebro, la corteza prefrontal, con pulsos magnéticos para reactivar su función.

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