«Comprobamos o décimo varias veces. Custa crer que nos tocase»

El gordo hace temblar de emoción y alegría a la capital de la Terra Chá

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«Miña nai! Isto é unha chuvia de millóns para Vilalba!» Alegría desbordante en la localidad lucense que con el 71198 ha duplicado su PIB. Son más de 500 millones de euros los que se reparten sus vecinos en décimos vendidos en una administración y en el bar Cascudo de San Xoán de Alba.

Redacción / La Voz

El local de la administración de lotería de Rúa da Pravia, en Vilalba, fue ayer una fiesta. Dentro de Loterías Alcázar se repartían abrazos, se sucedían brindis y se alternaban gritos de felicidad. Mientras las botellas de champán se vaciaban, en un plano más discreto, Ana Isabel Díaz y sus dos hijos digerían en silencio la noticia. Los ojos llorosos daban una pista de la emoción con la que estaban viviendo el momento. «É que non o cremos», se justifican. Con la voz temblorosa y la respiración entrecortada, la madre expresa lo felices que están siendo gracias a su buena estrella. La que llevó a su marido a animarse y comprar la combinación que vendían en el único bar de su aldea, el Cascudo. «Cando escoitamos que o gordo era o 71198 e que se vendera na cafetería fomos comprobalo», relata Ana Isabel. «Consultámolo en Internet e na tele varias veces ata que o asumimos», añade su hijo. Diego es el que atesora en su cartera el agraciado boleto. Un número que los ha llenado de ilusión. «O marido quedou de pedra cando chegou á casa ao mediodía. Aínda que estamos os dous traballando, esta axuda sempre é necesaria», reconoce Ana. La lotería no va a cambiar sus vidas, la progenitora quiso acudir a la céntrica administración vilalbesa antes de empezar su turno a las dos de la tarde. Sin embargo, sí será un impulso. «O ano que vén o fillo quere ir á universidade, a Madrid ademais», apunta.

Loterías Alcázar fue este 22 de diciembre el epicentro de Vilalba. La familia de Mónica también decidió reunirse allí para festejar su suerte. Sus hermanos, sobrinos, cuñado y vecina no paran de darle las gracias. Un desliz suyo fue el responsable de que ahora estén de enhorabuena. «Somos un grupo de nove persoas que xogamos sempre á primitiva. Pasei dúas semanas sen ir botala e prometinlles un décimo a cambio. Só merquei un, e foi este!», exclama sosteniendo la papeleta con el 71198.

«Non paro de tremer dende que o souben», reconoce Carla, su amiga y vecina. «Estamos moi nerviosos», añade el cuñado de Mónica, con una sonrisa de oreja a oreja. Esta familia, cuyos miembros se reparten entre los municipios de Vilalba y Xermade, tiene claro que estas fiestas se darán un homenaje: «Faremos unha gran cea para celebralo». Ya han hecho la división: «35.500 euros para cada un. Isto si que é un bo colchón viscoelástico!», suelta uno de ellos. «Grazas, Mónica!», no paran de decirle. Hay olvidos que pueden ser premonitorios. Ellos son la prueba.

«Isto é unha chuvia de millóns para a vila»

Luis estaba cargando piedras en la cantera cuando lo sorprendieron con la noticia del premio

MILA MÉNDEZ

Ha cumplido los 60, trabaja en un puesto que requiere gran esfuerzo físico como es el de cantero, pero ni con el gordo Luis contempla el retiro. «Diso nada! De feito volvo logo de comer para o traballo», subraya este vecino de Rioaveso, en Vilalba. Luis Airado es empleado de Áridos José Sanjurjo Construcciones, una empresa de la vecina localidad de A Pastoriza. «Estaba traballando coa pa, cargando nas pedras, cando o souben», cuenta.

Sin pensárselo dos veces, dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a la administración de lotería de Vilalba. «Veño directo da canteira», se excusa, ya que está con la funda. Exaltado, se pone de rodillas ante Mari Carmen, la lotera que ha repartido millones en el concello. «Comprei o décimo por casualidade. Ese día fora a Lugo a facer o recoñecemento médico da empresa. Á volta, decidín parar en Vilalba para ir ao banco e, de paso, fun coller un décimo. Canta sorte tiven! É unha fortuna que Deus me deu. Veu verme para que o mercase. Estaba para min!», exclama eufórico. «Miña nai, isto é unha chuvia de millóns para a vila», insiste, mientras echa cuentas y piensa en alto: «Máis de 500 millóns!». Aún no se lo cree.

Eso sí, también quiere puntualizar: «O diñeiro non o é todo».

Después de la aclaración, vuelve a sonreír cuando mira el cartel pegado en el ventanal de la administración de loterías de la Rúa da Pravia. «Isto non dá a felicidade, pero eu xoguei coa intención de que me tocase, iso está claro», desliza con ironía. Ahora es el momento de planificar. ¿Qué van a hacer en su casa con el premio? ¿Ya tienen planes para invertir los 320.000 euros que les quedarán tras la retención que aplica Hacienda? Luis es sincero: «Iso xa é cousa da muller e das fillas».

«Dios aprieta, pero no ahoga», dice la vilalbesa a la que le robaron 31 capones y le tocaron 2 décimos

D. C./ T. T.

Hace un mes que Mari Mar, una vecina de la parroquia de Torre, en Vilalba, se despertaba con un gran disgusto. Un albañil la llamaba a primera hora de la mañana y le comunicaba que alguien había forzado la puerta de la nave agrícola de la que es propietaria. Tras acudir a las instalaciones comprobó que le habían robado 31 capones, que ya tenía vendidos en 3.100 euros.

Un mes después el panorama es bien distinto y ese disgusto está más que superado. Y es que Mari Mar es una de las afortunadas del gordo caído en la capital de la Terra Chá. No es para menos, porque, a falta de uno, tenía dos décimos del número agraciado. «Dios aprieta, pero no ahoga. Paseino mal naquel momento, pero agora non me acordan para nada. Que lles aproveiten os capóns aos que os levaron», indicaba Mari Mar, que indicó que se comprará un Mercedes o un BMW. También piensa en la posibilidad de adquirir un piso, a pesar de que tiene uno pagado, y también les ayudará a sus hijas.

Pero Mari Mar no es la única de la familia a la que la diosa de la suerte agració. Su hermana, su primo, su tío y varios de sus vecinos también tenían el décimo premiado. «Ás seis da mañá marchou a miña parella para León para repartir capóns e xa me puxen nerviosa. Non daba durmido e era como que tiña un presentimento. Levanteime, levei o coche a lavar, deixei a neta na gardaría e fun tomar un café coa miña filla. Estando no bar díxenlle á rapaza que cría que tiña ese número. E efectivamente», indicó la afortunada, que gastó en lotería 600 euros.

Las joyerías, vacías

La actividad en las cinco joyerías vilalbesas no fue la que cabría esperar, después de la lluvia de millones que cayó sobre la capital chairega. El movimiento fue muy similar al de una jornada normal, sin compras relacionadas con los premios. Ni tan siquiera se notó en la más próxima a la administración de lotería que vendió el gordo, en la Rúa da Pravia, que tiene previsto cerrar sus puertas a finales del mes de enero. Su propietaria, María Pena, admitió que no se había planteado si la nueva situación le hará cambiar la decisión de dejar el negocio.

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«Comprobamos o décimo varias veces. Custa crer que nos tocase»