El mítico Meteosat cumple 40 años

Con una capacidad para realizar imágenes cada media hora, el Meteosat protagonizó una auténtica revolución en el campo de la meteorología


redacción / la voz

El 23 de noviembre de 1977, mientras España redactaba el primer borrador de la Constitución, desde Cabo Cañaveral despegaba un cohete muy especial. A bordo iba el Meteosat, el primer satélite meteorológico europeo. El 9 de diciembre envió la primera fotografía desde su órbita geoestacionaria, a unos 35.000 kilómetros de altitud sobre el ecuador terrestre. Desde esa distancia y con una velocidad de traslación de 3,07 kilómetros por segundo, que coincide con la rotación de la Tierra, un satélite geoestacionario siempre observa la misma zona del globo. En el caso del Meteosat, esa observación abarca un área centrada en el golfo de Guinea que se extiende hasta los 65º de latitud norte y que incluye a la península ibérica. Por lo que se puede apreciar en la imagen, que se ha convertido en todo un icono de la meteorología, aquel 9 de diciembre fue una jornada lluviosa en Galicia. La comunidad aparece completamente cubierta por un frente asociado a una borrasca localizada al oeste de Irlanda.

El Meteosat es un instrumento que, en realidad, ha trascendido al ámbito de la ciencia. De alguna forma, al mencionarlo es inevitable acordarse de aquellos partes meteorológicos, en los que los hombres y las mujeres del tiempo se recreaban con esas imágenes del satélite. Gracias a ellas, generaciones enteras de gallegos observaron por primera vez el aspecto que presenta una borrasca.

Con una capacidad para realizar imágenes cada media hora, el Meteosat protagonizó una auténtica revolución en el campo de la meteorología. De pronto era posible disponer casi en tiempo real de información sobre la dirección de los vientos al observar el movimiento de las nubes. No solo eso, también podían realizarse seguimientos de grandes sistemas atmosféricos, como los huracanes, que suelen nacer en la parte tropical del océano Atlántico oriental. Sin olvidar que su archivo, que contiene cuatro décadas de imágenes de la Tierra, es una herramienta muy útil para los climatólogos.

El satélite motivó además un acuerdo de colaboración entre las naciones europeas, que aún sigue vigente en la actualidad. El proyecto inicial fue algo exclusivamente de Francia pero en poco tiempo se sumaron otras países, entre ellos España, cuya colaboración se canaliza a través de Aemet. A lo largo de los años, la Agencia Espacial Europea ha ido invirtiendo más recursos en la nueva generación de satélites Meteosat, que permiten monitorizar aspectos cada vez más precisos como los relámpagos y también salvar vidas en situaciones de tiempo extremo.

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