«Deberían ensinar autodefensa xa no instituto»

Más de quinientas mujeres aprenden técnicas básicas para no bloquearse en caso de ser atacadas

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«Xa intentaron agredirme tres veces» Más de quinientas mujeres aprenden técnicas básicas de autodefensa para no bloquearse en caso de ser atacadas

teo / la voz

La primera vez que Eva tuvo que enfrentarse a un hombre que intentaba acosarla era todavía adolescente. «Recordo que ía cara ao instituto. Tería catorce ou quince anos. Foi unha situación que se me fixo moi violenta». Un exhibicionista la intimidó en el camino. No sería el último trance. «Intentaron agredirme tres veces», confiesa sin perder un gramo de entereza. «Tiven dous intentos máis de agresión sexual, regresando á miña casa pola noite». Se quedaron en intentos. Pero a sus 49 años, Eva López los tiene muy presentes. Ella es una entre la treintena de mujeres que asisten a un curso de defensa personal en Teo.

«¡Busca la tibia, buscamos la tibia y golpeamos! Otra opción, mientras me zarandean, me muevo y suelto un codazo». El que escenifica sobre el parqué es Manuel Herbón. Instructor de defensa personal femenina por la Federación Gallega de Lucha y policía de profesión, es el encargado de impartir el curso. «Son técnicas para escapar, no nos quedamos a pelear. Hay que intentar huir y gritar para involucrar a más personas. El aspecto psicológico en el que más incido es en la capacidad de tomar decisiones si se ven en una situación así». El temor a quedarse paralizada, a no saber reaccionar, subyace en varias alumnas. «Se me vira nunha situación desas creo que me bloquearía. E despois de agredida pensaría que puiden facer isto ou aquilo. Por iso estou aquí, para polo menos saber qué facer». Elena Ferreiro tiene 53 años. A su lado, Sandra Iglesias viene de cumplir los veintiuno. «Son trucos que todas deberiamos saber por se nos vemos nunha situación límite».

Además de las técnicas de autodefensa, el curso incide en la prevención. En las alertas. En escenarios que son más proclives a los intentos de agresión: garajes, ascensores o calles solitarias durante la noche. Y hay un mensaje, más o menos latente, que comparten. «Penso na miña filla de trece anos, en cómo están as cousas. Preocúpame. Deberían levar estes cursos aos institutos», proclama Pilar Queiro. «Creo que esto debería aprenderse desde pequeña. En las clases de educación física, incluso», añade Ana Fernández. Seis décadas la contemplan y es una de las veteranas del curso. «Soy de Madrid, voy mucho, aquello es una gran ciudad y siento que tengo más riesgo. Nunca es tarde para aprender este tipo de cosas. Por lo menos, que no me pillen desprevenida».

El de Teo es solo un ejemplo. Iniciativas similares se están impartiendo de forma simultánea, e igualmente gratuita, en otros veinticuatro ayuntamientos y mancomunidades gallegas que forman parte de la red contra la violencia machista. En total, más de quinientas inscritas en las cuatro provincias. Y la idea es ampliarlo. «Llevamos impartiéndolo este semestre y están teniendo tirón, la respuesta es positiva. Están abiertos a cualquier edad y condición. De hecho, es tan transversal que no sabría decirte un perfil. Vienen también mujeres en situación de riesgo o que han atravesado episodios de violencia. Con ellas el trabajo psicológico es mayor. El grupo las une mucho. Las que llegan más nerviosas, según avanza el día, ves que se relajan más». Todas dan por bien empleadas las horas de formación, dos días intensivos. «Si me cogen sola, nadie va a defenderse por mí». Ojalá no fuera necesario. Pero sí.

Las maltratadas divorciadas que no denunciaron pueden cobrar viudedad

María Cedrón

El Supremo abre el camino para que acrediten la condición de víctima con pruebas

No habrían ni imaginado el día que se casaron que todo acabaría como acabó. Durante años callaron. Probablemente por miedo, por ser señaladas por la sociedad, porque su familia no podía creerlas o porque el colchón protector que había entonces no era el mismo que hay ahora. Para esas mujeres, ahora divorciadas, que en su día sufrieron violencia machista, pero no dieron el paso de denunciar, el Tribunal Supremo ha abierto una vía para que puedan acreditar que fueron víctimas, pese a no haber formalizado una denuncia ante la policía o la Guardia Civil. Gracias a ello podrán cobrar la pensión de viudedad. El número de víctimas que podrían beneficiarse no está contabilizado, pero probablemente sean muchas.

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