Lleva 11 años sin beber tras una vida de alcoholismo. Su historia de tesón inspira ahora a cineastas y músicos
12 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Ignacio es un hombre discreto, silencioso, de barba descuidada. Ya hace mucho tiempo que sus codos encajan perfectamente en la barra del café Lanzós, un coqueto local en el corazón del casco histórico de Betanzos. Pero Ignacio Javier Faraldo Valbuena, de 53 años, solo bebe café. A veces agua. Y ya. Lo hace a centímetros de los grifos de cerveza y a apenas un metro de una colección de botellas de alta graduación, su obsesión y veneno durante más de la mitad de su vida. «Soy un alcohólico recuperado: eso de exalcohólico no existe, yo seré alcohólico toda mi vida», sentencia.
Lejos quedan los tiempos en que deambulaba por las esquinas, en que se llevaba las cervezas al trabajo para amortiguar la resaca, en que se escondía borracho en el armario mientras su familia le buscaba por toda la comarca. Hoy, Ignacio es un hombre admirado por su férrea voluntad, comenzando por los propios compañeros del Lanzós, donde incluso trabaja ocasionalmente a las órdenes de los hermanos Adolfo y Jesús Sánchez, los mismos que hace años le negaban cervezas cuando supieron de su grave adicción.
Y la lección de superación ha inspirado ahora al cineasta madrileño afincado en Málaga Fernando de France, que ha comenzado a rodar un cortometraje en el que el propio Ignacio interpreta la peor versión de sí mismo, el papel de un borracho inconsciente de ojos semicerrados y que encuentra la ayuda de una joven artista. El rodaje, ya iniciado, está pendiente de la buena evolución del crowdfunding para financiar el corto que se llamará «Sí», un título que hace prever el final feliz de la historia, igual que la vida real del protagonista.
-¿Y qué es ese líquido marrón que bebes de la botella en la película?
-Nestea, es solo Nestea. Nunca lo había probado y ya me harté [ríe].
Pero no es la primera vez que este hombre se coloca ante la cámara. Ignacio es el protagonista del videoclip de Cold, de la banda madrileña Morgan, y ha participado en otras grabaciones siempre de la mano de Fernando de France, quien ha contagiado a otros artistas su admiración por este vecino de Betanzos. «Un día llaman al Lanzós y preguntan por mí. Me extrañé mucho -recuerda-. Era el pianista David Gómez y me dijo que había compuesto una pieza ¡y me pedía permiso para ponerle mi nombre!». «Ignacio ha conseguido salir de lo más hondo de la caverna, le ha echado un par para sobrevivir en un ambiente de alcohol, es un tío flipante», reflexiona el director de cine.
Recaída
Su biografía tiene muchos puntos de inflexión. Llevaba más de un año sin probar la bebida hasta que se celebró en Betanzos la feria medieval. Ignacio abrió una cerveza por eso de que un día es un día. Pero aquella botella desembocó en otro homenaje a Baco, y la recaída fue de órdago. Bebedor desde los 16 años, su problema se acentuó durante el servicio militar en Barcelona, en 1984. «Durante una retreta los compañeros me agarraron para que no me derrumbara», relata Ignacio con la sensación de hablar de una persona ajena a él, de otro ser con el que solo coincide en los datos personales. A los 28 años tocó fondo. «Murió mi madre y me refugié en el alcohol».
Necesitó doce años más para poner fin a su tortura. Y se despidió del alcohol a lo grande. La fecha está grabada incluso mejor que su partida de nacimiento. «El 1 de agosto del 2006 -recita-; me tomé un cubata de ron: fue mi último trago». Al día siguiente ingresó en Proyecto Hombre, donde vivió largos meses de dura disciplina, de ver cómo otros se quedaban por el camino hacia una meta que a él se le hacía cuesta arriba. Y entonces llegó otra fecha grande en su biografía que celebrará el próximo mes. «El 5 de diciembre del 2007 recibí el alta terapéutica».
Su amigo Adolfo, dueño del Lanzós, recuerda cómo en los meses siguientes a veces Ignacio se marchaba del local de forma repentina. «Decía que el olor a cerveza le tentaba». Pero hoy es el protagonista de su propia vida, el héroe de la barra del Lanzós, el inspirador de artistas. Y un ejemplo para todos.