Siete puertos con un corazón donado

Un trasplantado viveirense promueve la donación de órganos coronando en bici varios picos del Pirineo francés


Viveiro / La Voz

Hace 16 años que la solidaridad de alguien le dio una segunda oportunidad. Santi Chao (Viveiro, 1972) salvó la vida gracias al corazón de un donante que le permitió superar las graves heridas sufridas en un accidente de moto. Y desde entonces no deja pasar la oportunidad de llevar a cabo iniciativas para concienciar a la sociedad de la importancia de la donación de órganos. Casi siempre como mejor sabe, subido a la bici. «Cada año se realizan en España más de 4.000 trasplantes; y de estos pacientes, 140 son niños que no tendrían posibilidad de vivir si no fuera por un trasplante. Un 10 % de los posibles receptores fallecen mientras esperan recibir un órgano, por eso es tan importante convencer a la gente para que se haga donante. De un día para otro cualquiera puede convertirse en receptor y necesitar un órgano», explica.

Las últimas pedaladas las ha dado en los Pirineos franceses. Arropado por su ilusión y las ansias reivindicativas, y con el inmejorable sostén anímico de la compañía de su mujer, Raquel, y sus dos hijas, Noah y Amanda, Santi Chao coronó en solo una semana siete picos por encima de los 1.000 metros. En total, una ruta de aproximadamente 500 kilómetros con una altitud positiva de 10.000 metros que cubrió, no solo para fomentar la donación, sino también a modo de homenaje a todos los donantes y de agradecimiento a la familia del suyo. El desafío encerraba otro mensaje: «Los trasplantados de órganos sólidos, así como los de médula, podemos disfrutar de una buena calidad de vida».

El deporte, la mejor terapia

«A la hora de hacerse donante de órganos y tejidos lo más importante es que la familia conozca nuestros deseos para que se respete nuestra voluntad en el caso de que un día suframos un percance fatal», añade Santi Chao, que es miembro y un activo colaborador desde hace tiempo de la Asociación Deporte&Trasplante y acérrimo defensor de la actividad física como terapia para dejar atrás las secuelas anímicas de un trasplante. «Acudo con frecuencia a los encuentros que organiza la asociación para compartir experiencias y puedo comprobar que existe una gran diferencia entre la calidad de vida de un trasplantado que hace deporte y otro que no lo hace. En algunos casos hay matices, pero por norma general es así», cuenta.

En su caso, el ciclismo es su refugio. Le ayudó a dejar el tratamiento psicológico y ahora mitiga los efectos de las quince pastillas que toma a diario. «Si estoy más de una semana sin hacer deporte no me encuentro bien, y esto es una tónica general entre los trasplantados. Lo necesitamos más que una persona sana», explica. Ni el accidente que sufrió hace poco más de un año bajando el puerto lucense de A Gañidoira -rompió la clavícula y sufrió abrasiones en todo el cuerpo- le ha quitado las ganas de pedalear a este viveirense, ejemplo de vitalidad y que ya piensa en su próximo reto reivindicativo.

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