El apellido sigue queriendo más a papá

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Pablo Carballo / Senén Rouco

La opción paterna continúa primando a la hora de inscribir un hijo en los registros gallegos pese a la entrada en vigor de la ley que no le da prevalencia sobre el de la madre

01 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

En una de las paredes que delimitan el mostrador de la primera planta del Registro Civil de A Coruña hay un dibujo donde se ve el pico de una cigüeña. Es la forma de marcar que es ahí donde hay que registrar los nacimientos. Pero ayer, 30 de junio, no había nadie en la cola. Era media mañana y tampoco nadie se había acercado hasta entonces para que la funcionaria inscribiese a un nuevo ciudadano colocando el apellido de la madre en primer lugar. No es de extrañar. Algún miembro del personal de algunas de las empresas que prestan servicio externo al registro tampoco sabía que era ayer el día en el que entraba en vigor la reforma del artículo 53 del la reforma del Registro Civil, cambio que acaba con la prevalencia del apellido paterno.

De esa forma España se suma a la tendencia mayoritaria en los países del norte de Europa, donde el consenso que los padres han de tener con el nombre de sus hijos ha de extenderse también al apellido. Pero de momento la balanza continúa inclinándose del lado del padre a la hora de elegir. Lo confirman en el departamento de inscripciones del Hospital Materno Infantil de A Coruña, donde ayer a mediodía llevaban inscritos diez niños, todos con el apellido del padre primero. Y lo mismo pasó en el hospital CHUO de Ourense.

Parece que casos como el de María Varela y Alberto Souto continuarán apareciendo como la excepción, al menos durante un tiempo. Esta pareja de hecho desde hace más de diez años decidió hace catorce meses poner a su hijo Roi el apellido Varela primero. Su hermana y su cuñada también priorizaron la marca Varela a la hora de inscribir a la sobrina de ella, varios años mayor que su hijo.

¿Por qué esta pareja pensó en cambiar el orden que manda la tradición? «Fue algo que decidimos de mutuo acuerdo para acabar con este machismo establecido. Fue nuestra manera de poner en evidencia que no estamos de acuerdo con eso», explica María. Y Alberto va más allá: «Era algo que tiñamos claro porque o outro non era máis que unha reminiscencia do patriarcado. Ademais hai que pensar que ela leva o neno no ventre nove meses, pasan por unha cesárea, postparto...».

La pareja se adelantó a un cambio que aplauden porque, como dice María, «es lógico que los padres y madres tengan capacidad para decidir qué hacer».

Y cómo se lo tomó la familia. «Bien, pero hay mucha gente externa que se cree con derecho a opinar. Pero los dos lo tenemos claro que hay que acabar con esos micromachismos que se dan por hechos», dice María. Algo parecido explica Alberto, quien indica que sus padres, aunque son mayores, tienen una mente muy abierta. «Con eles non houbo ningún problema, pero algún primo ou algún tío non o entenden, pero non era outra cousa máis que lles soaba raro».

Lo que no ve con tan buenos ojos de la reforma es que sea el empleado público quien tenga la última palabra en caso de que los padres no se pongan de acuerdo: «O da prevalencia que o decida un funcionario... ¡Pufff!. Terían que buscar outra maneira».

De momento, el cambio ha echado a andar. Qué pasará cuando lleve unos meses consolidado ya se verá. De momento es un paso que se ha dado.

Información elaborada por Mónica Pérez, Rosa Domínguez, Cándida Andaluz y M. Cedrón.

JOSÉ PARDO

«Este importante avance supone el fin del linaje»

El 30 de junio del 2017 pasará a la historia como el día en el que el apellido de la madre cuenta tanto como el del padre a la hora de escoger cuál va primero

maría cedrón

Fernández, López, Álvarez, Martínez. Todos esos apellidos nacieron como una referencia para indicar que las personas a las que se referían eran, respectivamente, hijos de Fernando, Lope, Álvaro o Martín. El matiz muestra que eran los hombres los encargados de mantener el linaje familiar. De hecho, no hay ningún apellido que muestre que alguien era hijo, por ejemplo, de Rosa o Dorotea. En cambio, llegó a acuñarse el apellido Expósito para nombrar a «hijos de soltera», como eran llamados los nacidos fuera del matrimonio.

Aquellas ancestrales costumbres dieron origen a unos apellidos que han ido arrastrándose de generación en generación hasta la actualidad y no son más que una prueba de como la prevalencia del apellido paterno continuaba primando en el registro civil hasta ayer. 

Un día histórico

Porque el 30 de junio del 2017 pasará a la historia como el día en el que el apellido de la madre cuenta tanto como el del padre a la hora de escoger cuál va primero. Y ya no hará falta que ningún juez autorice el cambio, permitido ya desde hace más de una década. Todo porque fue ayer cuando entró en vigor el cambio en el artículo 53 del Registro Civil, uno de los que han quedado exentos de la vacatio legis aprobada por el Congreso para aplicar la reforma de la ley del Registro Civil.

Y no es una cuestión baladí. Para la doctora en Socioloxía da Familia de la UDC, Raquel Martínez Buján, el cambio «es un avance simbólico muy importante porque supone el fin de algo que era un vestigio del linaje marcado por los apellidos paternos, la muestra de un poder masculino que primaba a la hora de mantener el nombre familiar».

En este sentido, explica que la jurisprudencia normalmente suele ir por detrás de la evolución sociológica que se ha producido en los últimos años en las familias en España y también en Galicia. El caso de la prevalencia del apellido paterno no es más que una prueba.

Pero a partir de ahora los progenitores deberán ponerse de acuerdo para marcar el orden en el que son transmitidos sus respectivos apellidos antes de inscribir al niño o niña en el registro. En caso de desacuerdo deberá decidirlo el encargado del registro teniendo únicamente en cuenta «el interés superior del menor», pero no dando preferencia al padre, como ahora se hace por defecto.

A partir de ahora, otras potestades del empleado del registro son, por ejemplo, autorizar, por medio de la declaración de voluntad del interesado, invertir el orden de los apellidos, anteponer la preposición «de» al primer apellido o adecuar apellidos extranjeros a la fonética española.