Vivimos en una sociedad con una excelente sanidad pública y gratuita que, gracias al enorme avance de la ciencia, ha podido olvidarse de terribles enfermedades. La gran paradoja es que al mismo tiempo surgen con fuerza pseudoterapias ineficaces y casi siempre peligrosas. En ocasiones se trata de actividades basadas en fundamentos peregrinos y exóticos. En otras, de prácticas que se revisten de parafernalia y palabrería de apariencia científica, pero que no nacen del ejercicio de la misma. La incultura científica de nuestra sociedad juega un papel importante en la confusión entre lo que son terapias sustentadas en pruebas científicas y lo que son simplemente travestis de ciencia. Los científicos debemos también hacer un esfuerzo por transmitir los avances de una manera fiel y prudente. Es esencial contar con una prensa formada y responsable que permita acercar el trabajo de los científicos a la sociedad separándolo de las estafas de los charlatanes y evitando ser altavoz de declaraciones anticientíficas.
Es importante también que personajes de referencia (los Monteros y Cárdenas de nuestra sociedad) midan con responsabilidad sus afirmaciones por la gran repercusión que tienen sus opiniones. Corremos el riesgo cierto de sufrir un retroceso en nuestra salud permitiendo y alentando las actitudes anticientíficas que son el caldo de cultivo de peligrosas pseudoterapias y debemos continuar apoyando la ciencia como método efectivo de alcanzar un extraordinario desarrollo social.