Ni la muerte los separa

Demetrio y María Argentina, casados durante más de 60 años, murieron en su casa con apenas cuatro horas de diferencia. «Siempre estaban juntos como dos tortolitos»


Demetrio y María Argentina tenían pactado quererse y cuidarse hasta que la muerte los separase. Pero su amor era tan terco que los dos la burlaron para seguir juntos en esa esfera desconocida de la que nadie regresa. Tenían 95 y 94 años respectivamente, llevaban tiempo soportando los achaques de salud. Y el domingo dejaron de respirar en la misma habitación con cuatro horas de diferencia. Él falleció antes del desayuno. Y ella le siguió poco antes de la hora de comer. Ayer sus amigos y familiares los despidieron en el tanatorio de Betanzos donde, por supuesto, sus féretros compartieron túmulo, el número 2, como ellos, siempre 2 que en realidad eran uno.

Ambos habían enviudado muy jóvenes y el destino los unió en Buenos Aires, donde se conocieron como empleados de uno de los hoteles de más glamur en los años 50. Demetrio emigró a Argentina dejando a su hijo de siete años en Galicia cuidado por sus abuelos y tíos maternos. María, natural de Ourense y con residencia en A Coruña, no tuvo hijos de su primer matrimonio en el país austral.

Tampoco los tuvo después. Le bastaba el amor de Demetrio. «¿Ti ves esas parellas de 18 anos que andan sempre pegados un ao outro? Pois así estaban eles». Lo dice el hijo de Demetrio, del mismo nombre, a quien sorprendió la llamada de su propia hija cuando en el tanatorio gestionaba el entierro de su padre. «Chamoume e díxome que acababa de morrer a miña nai». Y entonces volvieron a juntarse en el túmulo, en la esquela del periódico, en el cementerio de Mondoi (Oza-Cesuras), y hoy posan juntos en esta página de La Voz.

En 1974 regresaron a Betanzos y se instalaron, ya con la vida laboral finalizada, en un piso para estar cerca de los hijos y nietos de Demetrio que, a la sazón, también eran los de ella. «Iban xuntos a todas partes, como dous tortolitos», recuerda el hijo. E incluso parecían compartir un mimetismo en la dolencia: en carnavales del año pasado ella fue operada de la cadera. A él le toco este año... también en carnavales.

No soportaban estar separados. Valga como ejemplo el reciente ingreso hospitalario de él durante quince días. Ella llegó a sospechar que su compañero había muerto y se lo estaban ocultando. «Xureille que nunca lle ía mentir, que se el morría llo ía dicir», explica el hijo.

Y este domingo cumplió su palabra. Cuando retiraron el cuerpo de Demetrio, informó de lo ocurrido a la que hizo de madre durante tantos años. María Argentina, con problemas de demencia, no reaccionó en ese momento. No hubo palabras ni lágrimas, pero sí un gesto que, escuchado de boca de Demetrio hijo, cuesta mantener secos los ojos: «Apretoume a man con moita forza, pero non dicía nada». Horas después llegó el desenlace ya contado.

El mundo conoció a finales de abril el extraordinario caso de Joyce y Frank Dodd, un matrimonio inglés de nonagenarios que vivieron juntos 77 años y juntos murieron en un hospital de Kent cogidos de la mano después de que el personal sanitario juntara las camas. Como en la historia de Betanzos, él fue el primero en marcharse y Joyce le siguió catorce horas más tarde.

La muerte de Demetrio era «más o menos» esperada. No así la de María Argentina. Pilló a toda la familia con el pie cambiado. Pero, al mismo tiempo, sus seres queridos tienen la sensación de que ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Vivieron juntos y murieron juntos.

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