«Ni las universidades ni los Gobiernos van a poder detener los cambios»

Marco M. Muñoz, director de Iniciativas Globales del MIT, impartió una charla en la cátedra Inditex-UDC

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a CORUÑa / LA VOZ

«El reto de las universidades y los Gobiernos es preparar a las personas no para hacerse ricas, sino para resolver los grandes problemas de la humanidad en un entorno de cambio constante que no van a poder detener por mucho que se resistan. Pasó con la carreta, con el coche, la locomotora y los aviones, y pasará ahora con la cuarta revolución industrial. No podrán pararlos y, sin un cambio de estrategia en el sector educativo y gubernamental, las desigualdades aumentarán». Sin ánimo profético, pero con la autoridad de quien habla en nombre de la mejor universidad del mundo, Marco M. Muñoz, director de la Oficina de Iniciativas Globales del MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts, en sus siglas en inglés] trazó este viernes la hoja de ruta que debería guiar a la humanidad para afrontar sus cinco grandes prioridades: educación, salud de las personas -«las enfermedades más preocupantes afectan el cerebro y es donde menos invierten los Gobiernos»-, salud del planeta -agua, alimentación y energía-, innovación para el empleo y ciencia básica.

En un abarrotado salón de grados de la Facultade de Economía de A Coruña y a iniciativa de la Cátedra Inditex-UDC de Responsabilidad Social, Muñoz desgranó la experiencia del MIT desde su nacimiento en 1861 bajo el lema «Mente y mano» -«cuando los que usaban las manos eran los obreros, frente a los de Harvard, que ya tenían 200 años y defendían que la educación superior era para los iluminados»- y tres principios básicos revolucionarios: admitir a mujeres, admitir a negros y formar a las personas para el desarrollo y el avance de la humanidad. «Lo más importante para nosotros son los estudiantes de pregrado, después los de postgrado y después los profesores», apuntó el embajador del MIT, una universidad con poco más de 10.000 alumnos, más de mil patentes, 87 premios Nobel (el 10 % de todos los Nobel de la historia), un premio a la desobediencia civil dotado con 250.000 dólares y responsabilidad en buena parte de los avances científicos y decisiones políticas de los últimos 150 años. Con un alegato a favor de la transformación de las universidades, la innovación y el compromiso colectivo, Muñoz situó el reto «de todos, en crear la infraestructura que permita al ser humano realizarse sin miedo. Porque una idea, si no se puede llevar a cabo, tiene valor cero».

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