Cuentos contra los malos de verdad

La compañía gallega de teatro Trinke Trinke ofrece dos espectáculos infantiles diferentes para prevenir el maltrato y el acoso a los más pequeños


Hay un Centro de Orientación Familiar en Orillamar, en A Coruña, donde cada día tratan con situaciones de maltrato, abusos sexuales, acoso a personas homosexuales y muchas otras problemáticas afectivo-sexuales. También allí dentro hay una pequeña luz, la que arroja una psicóloga, Chus Díaz Anca, que intenta ayudar a estas víctimas. De ella partió la idea de intentar proteger a los más pequeños de esta clase de amenazas antes de que se conviertan en realidad. ¿Cómo hacerlo? Permitiendo que sean ellos mismos quienes identifiquen el peligro y al posible agresor.

¿Y cómo se consigue que un niño pequeño entienda lo que es un abuso sexual, y sea capaz de identificarlo sin caer en las redes de la manipulación del pederasta? Como lo han hecho toda la vida: con un cuento. Sobre esa base Trinke Trinke, una de las primeras compañías que arrancó las sesiones de animación a la lectura en Galicia, allá por los noventa, diseñó el primer cuentacuentos que busca evitar este tipo de situaciones.

El asunto no es fácil, además de delicado, y lo saben. Por eso lo dividieron en dos espectáculos. El primero de ellos pretende que los niños aprendan a diferenciar claramente en quién pueden confiar y en quién no, y quién los quiere realmente y quién les está haciendo daño. Es el más participativo, aunque por su nombre no lo parezca. En A saúde afectiva la presencia de los padres es fundamental. El objetivo es mostrar a los pequeños, con ejemplos dramatizados, situaciones de relaciones insanas y sanas, y que «aqueles que nos queren son aqueles que nos coidan e nos respectan», explica su director, David Pernas. En función de las fechas, Pernas da vida al ratoncito que hace de maestro de ceremonias de la función. La interpretación corre por cuenta de los padres. Son ellos quienes tienen que fingir caer cuando van corriendo hacia su mamá y ellas quienes tienen que reprocharles su torpeza o ayudarlos a levantarse, en su caso. Y los pequeños hacen de jueces. Y deciden quién quiere bien y quién quiere mal.

El segundo espectáculo está conducido por Lili Gruyére. Como todos los miembros de Trinke Trinke, es una rata de biblioteca que procede de Lonxedetodo. Es el que sirve para profundizar en la cuestión de los abusos sexuales. Comienza con una clase de anatomía con siluetas planas en la que se les explica a los niños las partes del cuerpo, incluidos los órganos sexuales, de una forma amena. Para el resto de la misión la compañía se centra en los títeres y en un texto casi oficial: Kiko y la mano, un cuento editado por el Consejo de Europa. Narra brevemente y con un lenguaje sencillo cómo Kiko y su amiga la mano se divierten haciendo cosas juntos: tartas, música, volar... Hasta que la mano le pregunta si puede tocarle dentro de su ropa interior. «“¡No!”, grita Kiko. “Eso sí que no!”. “Muy bien, Kiko”, dice la mano. “Nadie puede tocarte dentro de tu ropa interior. Esa es la Regla de Kiko. Y si una persona lo hace, cuéntaselo a alguien. No lo mantengas en secreto”».

Luchar contra los «secretos malos» es precisamente otro de los ejes del espectáculo, por ser una de las armas más dañinas del pederasta. Se les explica a los pequeños la diferencia entre las cosas que uno no debe contar por ser buenas, como una sorpresa de cumpleaños, y las que no lo son. Son estas las que tienen que contarle a aquellas personas que sí los quieren bien. Entre ellos, Lili Gruyére, que se despide con un baile alegre.

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