Peregrina Quintela: «Tengo muchos días perfectos»

La catedrática y premio María Wonenburguer habla de matemáticas (quién lo hubiera dicho), de la cuestión de género y de otras fruslerías

PEREGRINAH

Tras su tranquilidad y su pausa se adivina tesón y se intuye genio. El suficiente como para ser una de las matemáticas más relevantes de Galicia. Peregrina Quintela (Vigo, 1960) afronta la entrevista con algún recelo («No sé a quién podría importarle mi opinión»), aunque finalmente nos vemos en su despacho de la USC para hablar de matemáticas (quién lo hubiera dicho), de la cuestión de género y de otras fruslerías.

-¿Ya le gustaban las matemáticas en el colegio?

-Siempre me han gustado las ciencias... pero también las letras. En general me han gustado más las materias que implicaban entender, deducir, que las de chapar.

-¿Y por qué cree que a la mayoría nos gustan tan poco las matemáticas?

-Quizás por el estereotipo. Queda muy cool decir que son difíciles. La gente se avergüenza si no conoce el último estreno en el cine y, sin embargo, recita con toda impunidad eso de «A mí las matemáticas me quedan muy lejos». Transmitimos que las ciencias son difíciles y acabamos siendo más tolerantes con un suspenso en matemáticas que con uno en literatura, por ejemplo.

-Hay gente que aprecia belleza en un teorema, en una ecuación... ¿Hay belleza en las matemáticas?

-Para mí son un instrumento de trabajo.

-Encuentra antes la belleza en unos versos que en un problema matemático.

-Pues sí. Pero en este trabajo, la formulación de un problema, escribirlo en términos matemáticos, supone resolver casi la mitad. Y cuando consigues eso, es cierto que se siente un cierto placer.

-¿Con qué jugaba de pequeña?

-Hacía calceta, con muñecas...

-Hoy eso ya no estaría muy bien visto.

-Yo tengo dos hijos y recuerdo que una vez quise regalarles una cocina y me dijeron que no era lo adecuado. Pero se la regalé y no se imagina lo que jugaron con ella. Yo creo que hay que impulsarles para que hagan lo que les guste. A mí, de pequeña, nadie me regaló un balón.

-¿Y le habría gustado?

-Tal vez. Porque cuando tuve hijos, me di cuenta de que me encantaba jugar con ellos al balón.

-Usted recibió el premio María Wonenburger, que es un premio solo para mujeres. ¿Verá el día en que no haya que resaltar el trabajo de las mujeres por ser mujeres?

-Es verdad que el premio, en cierta medida, es discriminatorio, porque te mide con otras mujeres y no con otros hombres. Es una pena, pero también sirve de referencia para que otras mujeres vean que este es un camino factible. Seguimos con problemas de desigualdad, pero se ha avanzado muchísimo.

-¿Tuvo muchas dificultades para conciliar su familia y su carrera?

-Mi marido es de Ferrol y yo soy de Vigo, con lo que en Santiago no dispusimos de mucha ayuda familiar y es verdad que hubo momentos de estrés. Yo siempre dije que quería tener hijos y criarlos conmigo. Tal vez ralentizó algo mi carrera, pero no fue determinante.

-¿Cuáles son sus aficiones?

-Salir al aire libre, pasear, ir al cine, viajar con la familia... Me encanta organizar los viajes, sobre todo cuando vienen mis hijos y sus parejas.

-¿Cuál sería su día perfecto?

-Debería ser un día con paz y armonía. No me gustan los conflictos. Suelo ser muy reflexiva y prefiero dialogar. Me siento feliz con mi trabajo y lo cierto es que en mi vida tengo muchos días perfectos.

-¿Cómo cree que será nuestra sociedad dentro de 50 años?

-Uf. ¡Qué difícil! Hay grandes avances en los ordenadores que hacen que avancen sus aplicaciones. Estamos hablando ya de ordenadores cuánticos, de coches autónomos, televisiones plegables como un papel... No me atrevo a hacer una predicción sobre cómo será nuestra sociedad dentro de 50 años, pero estoy segura de que no se parecerá en nada a la de hoy.

-Una canción.

-Someone like you, de Adele.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La salud. Con salud tienes la tranquilidad para afrontar el resto de los problemas.

No me ha preguntado si me gusta el fútbol.

-¿Lo ve? Seguimos con los estereotipos. ¿Le gusta el fútbol?

-Sí. El fútbol y el tenis. Aún me acuerdo de la final de Wimbledon entre Nadal y Federer. Me hice futbolera con mis hijos. Pensé aquello de si no puedes con tu enemigo, únete a él.

-¿Y cuál es su equipo?

-El Barça, claro.

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