La cinta aislante ya no sirve

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

SOCIEDAD

En el reciente Mobile World Congress tuve la ocasión de hablar con Cathal McDaid, director de Inteligencia de AdaptativeMobile. Esta compañía irlandesa es líder mundial en seguridad de redes móviles y sus soluciones protegen a aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo. McDaid explicaba que el 2016 fue «el año del hackeo» en el sector público y privado, involucrando a menudo a redes de telecomunicaciones. Su misión es precisamente ayudar a las operadoras móviles a evitar ataques que dañen su reputación y comprometan la privacidad de los usuarios, y para ello AdaptiveMobile utiliza programas de detección avanzada de amenazas, combinados con inteligencia aplicada y software contra ciberataques. Sin embargo, a pesar de toda su experiencia en seguridad, este experto reconocía que hay cosas más simples que cualquier persona puede hacer y marcan la diferencia: no utilizar programas que no provengan de las tiendas oficiales de aplicaciones (App Store, Google Play); desconfiar de cualquier mensaje cuyo remitente no se encuentre en nuestra lista de contactos, y pensar bien la cantidad de información que guardamos en nuestros dispositivos móviles. Esto último es especialmente importante, porque la gente acumula fotos, vídeos, correos electrónicos y otros archivos que, en caso de perder el terminal, pueden acabar en manos no deseadas. Y, aunque no lo extraviemos, si nos conectamos a Internet a través de una red pública o desprotegida, la información es fácilmente accesible por terceros, ya sean hackers o agencias gubernamentales como la CIA norteamericana.

Desgraciadamente, el problema no se limita ya a la cámara y el micrófono de nuestros smartphones y tabletas, o a los televisores inteligentes. El llamado Internet de las Cosas convierte casi cualquier objeto que tenemos en casa en un potencial espía con capacidad para grabar conversaciones e incluso tomar imágenes y transmitir toda la información recogida a través de la Red. ¿A quién? A quien pague por ella. No podemos obsesionarnos con nuestra privacidad, no vamos a dejar de usar WhatsApp o Snapchat, pero podemos limitar nuestra exposición. El truco de la cinta aislante en la webcam del portátil -que hasta el propio Mark Zuckerberg utilizaba- ya no sirve de nada.