Así lo contó La Voz

Tras cuatro días sin ser publicado, el periódico mantuvo su compromiso con el rigor informativo y la legalidad, que al director le costaría el cargo a manos de los sublevados


Redacción / La Voz

«Una parte del Ejército de África se ha levantado en armas». Fue el último titular de La Voz antes de cuatro días de apagón informativo. Con él abrió su edición del domingo 19 de julio de 1936. En 134 años de historia, fue la única ocasión en la que el periódico dejó de publicarse.

Justo ochenta después, cuando se recuerda el inicio de una Guerra Civil que dejaría alrededor de seiscientos mil muertos, las informaciones en las que se recogieron los primeros momentos de la tragedia han quedado como muestra del ideario fundacional de La Voz y su compromiso con la independencia y el Estado democrático y de derecho.

El periódico volvió a salir de los talleres en la madrugada del viernes 24, conforme a una orden de la autoridad militar en la que se comunicaba al personal de todos los diarios locales la obligación de acudir a sus puestos de trabajo «al objeto de reanudar la publicación de la prensa». No sirvió La Voz al objetivo implícito de los sublevados. Bajo el cliché «Un trágico episodio nacional», la primera página explicaba en sus siete columnas cómo se habían desarrollado «los graves sucesos» tras el levantamiento. Era una crónica detallada de los enfrentamientos entre los leales al Gobierno y los rebeldes para hacerse con los principales edificios de A Coruña y con el control de la ciudad. En ella se explicaba cómo la calma entre la población había dado paso al nerviosismo ante la llegada de «grupos populares» y tropas al centro urbano. Las cuatro imágenes que la acompañaban mostraban los efectos de una bala de cañón en el Teatro Rosalía, las barricadas en los soportales del Gobierno Civil y en la calle Real y un hidroavión militar en la Dársena coruñesa. El relato era un modelo de objetividad. Se limitaba a los hechos de forma escrupulosa y no tomaba partido pese a la difícil situación del momento.

En el posicionamiento del periódico «ante los sucesos», entre el obligado reconocimiento al Ejército como responsable de «mantener la República defendiéndola contra todo intento punible», La Voz deslizaba una llamada al entendimiento y la concordia, junto al lamento por «las víctimas habidas». «El dolor se atenúa ante la esperanza de que los resultados finales compensarán al país de tantas desdichas, con días mejores en que imperen las corrientes de confraternidad tan necesarias ahogando enconos y desapareciendo odios insanos», argumentaba.

Todo ello acarrearía a La Voz la primera de muchas multas que el nuevo régimen le impondría en los siguientes cuarenta años. Y a su director, Alejandro Barreiro, en el cargo desde tiempos de la Primera Guerra Mundial, los sublevados lo despojarían de su puesto.

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