Documentos históricos revelan que sufrió los efectos del Tambora
21 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Justo a las cero horas y 34 minutos de ayer comenzó el verano. El inicio de la estación viene acompañado, salvo alguna que otra lluvia, por el buen tiempo, todo lo contrario de lo que ocurrió hace exactamente ahora 200 años, cuando Galicia y buena parte del mundo se quedó sin verano. La oscuridad se apoderó del planeta, el sol quedó oculto por una capa espesa de niebla acompañada por un frío intenso, fuertes lluvias y un viento pertinaz que crearon las condiciones idóneas para arruinar las cosechas y provocar hambrunas en Europa y Norteamérica. Todo fue causado un año antes, entre el 5 y el 10 de abril, por la violenta erupción del volcán Tambora, en Indonesia, la mayor conocida por el mundo en los 2.000 últimos años, diez veces más intensa que la del Krakatoa (Hawái) y cien más que la del Vesubio (Italia). Las cenizas originadas en las explosiones quedaron atrapadas en la Corriente de Chorro o Jet Stream, un flujo de aire en altura que las transportó más tarde hacia las latitudes medias.
Cuentas y rogativas
Y Galicia no fue una excepción. También vivió su particular año sin verano, según consta en la documentación y testimonios históricos recogidos ahora por el catedrático emérito de Edafología y estudioso del clima Francisco Díaz-Fierros. «As cinzas -explica- provocaron un efecto pantalla que tapou a radiación do sol. Foi un oscurecemento global, xusto o efecto contrario o efecto invernadoiro».
Uno de los documentos en los que se recogen los efectos de este fenómeno en Galicia es el de Las Cuentas de la panera del Monasterio de Monfero, en el que se recogen los diezmos por producción de maíz. Los obtenidos en 1816 fueron prácticamente inexistentes. Una situación parecida se observa en las rogativas de Santiago de 1816, obtenidas del Archivo Histórico de la USC. El 5 de julio hacen alusión a «la estación del tiempo continuado, con crecidos vientos y fríos», mientras que el 24 de septiembre se pide por «el riguroso temporal» y días después «por la mucha tempestad de aire y agua».
Un testimonio elocuente es el escrito dejado por el reverendo de Braga (Portugal) Manuel José da Silva Tendim. «Em julho de 1816 -relató- foi o mes tanto destemperado, tanto na chuva como no frio, que tendo setenta e oito anos de idade nunca vi semelhante chover e frio, mesmo se fosse nos do propio inverno».
«En Galicia calculamos que o descenso das temperaturas pudo ser de casi dous grados», apunta Díaz-Fierros.