Javier Veiga: «Soy de risa y lágrima fácil»

El actor asegura que la comedia «es como una vaselina», ya que hace que los mensajes entren de manera más sencilla y eficaz


Debo reconocer que Javier Veiga (O Grove, 1977) es una debilidad personal. Siempre me hace sonreír. Nos encontramos en la agradable intimidad de la cafetería del Hotel Finisterre de A Coruña poco antes de que arranque una gira de actuaciones por teatros gallegos dirigiendo la obra Amigos ata a morte. Veiga se disculpa por llegar con un resfriado a medio curar. La entrevista dura poco, pero el entrevistado se hidrata sin parar.

-Usted empezó estudiando Arquitectura en A Coruña, pero lo dejó para irse a hacer Arte Dramático a Madrid. Le daría un buen disgusto a sus padres.

-Pues sí. No les gustó nada. Hoy en día es algo más normal, pero de aquella sonaba muy marciano. De hecho yo creo que mis padres creyeron que iba a estudiar Bellas Artes. Luego vinieron a verme a Madrid a representar una obra de Chejov y se quedaron más tranquilos.

-¿Y de dónde le vino la vocación de ser actor?

-Bueno, pues fue una casualidad infinita. En tercero de BUP [equivalente al primero de Bachillerato] tuvimos una profesora de gallego que era reintegracionista. Y la clase hizo huelga porque queríamos que nos diera el gallego normativo. Ella, por problemas de conciencia, se negó y nos dio un aprobado general a cambio de que preparáramos una obra de teatro. Ahí empezó todo. La verdad es que me gustaría localizarla para darle las gracias.

-¿Siempre ha sido el gracioso del grupo?

-No, no. Aunque es cierto que en mi casa, con mi familia, nos comunicamos todos desde el humor. Nunca hablamos en serio ni nos decimos frases cariñosas.

-Pues yo creo que todo lo que le he visto está relacionado con el humor.

-Yo no tenía intención de ser cómico, pero me di cuenta de que tenía facilidad para la comedia. Y lo cierto es que la comedia es la manera más sencilla y eficaz de transmitir mensajes. Es como una vaselina, los mensajes entran mejor.

-¿Liga más un guaperas o un graciosillo?

-El otro día lo hablaba con Touriñán y David Amor, porque los tres hemos jugado al balonmano. Los guapos y populares jugaban al fútbol y el resto al balonmano. Es verdad que el humor ayuda en cualquier tipo de relación pero frente al tópico que dice que las mujeres lo que quieren es que las hagan reír yo las pondría a elegir entre Pepe Viyuela y Hugo Silva.

-Y a usted ¿qué le hace reír?

-Bueno, soy muy ecléctico para eso. Me gusta desde el humor más refinado al más idiota y simple. Me muero de risa viendo un vídeo de golpes y caídas o leyendo un cuento de Oscar Wilde. Soy de risa y lágrima fácil. A mí me gusta tomarlo todo un poco a cachondeo, aunque hay gente que esto de la retranca no lo entiende, lo lleva mal cuando haces una broma según dónde y cuándo.

-Usted ha escrito sobre el miedo a tener hijos. ¿Sigue sin tenerlos?

-Sí. Y he vuelto a escribir sobre eso porque creo que es un problema de mi generación. Vivo en un entorno en el que nadie tiene hijos. Yo creo que con 25 años no te lo piensas. Los tienes y ya está, pero con 40 es más difícil. Es como tirarte en paracaídas: si te lo piensas mucho, no te tiras. Lo ideal sería tener dos vidas, una con hijos y otra sin ellos.

-¿Qué hace cuando no trabaja?

-Soy adicto al trabajo, pero cuando tengo tiempo libre, mi pasión es la hostelería. Como consumidor, claro. La verdad es que siempre me interesó. Me parece que el mejor trabajo del mundo es ser crítico de una guía de restaurantes. Vas a los mejores sitios, los criticas y encima te pagan. Me encanta hacer planes con colegas, jugar un partido de pádel, por ejemplo, o de futbito. Me gustan los deportes, pero siempre y cuando haya competición y una pelota por el medio.

-Usted, un tipo de O Grove... ¿De verdad merece la pena vivir en Madrid?

-Realmente no vale la pena. Si no fuera por el trabajo no viviría allí, al menos no viviría todo el año. Se puede decir que en Madrid no hay mucha calidad de vida, pero sí hay mucha calidad de vidilla. Me gusta estar donde pasan las cosas, aunque la calidad de vida sea menor que la que ofrece O Grove.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Mmmm. Yo diría que básicamente dos cosas. La primera es hacer lo que realmente te gusta, pero lo difícil es dar con eso. Es decir, ser sincero contigo mismo, honesto para encontrar lo que de verdad te gusta aunque quede mal o no sea políticamente correcto o no le guste a tu familia.

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