«En Erasmus, cada uno aprende en la misma medida que tiene que enseñar»

maría signo ROMA / CORRESPONSAL

SOCIEDAD

Esta italiana creó la movilidad universitaria de la UE, un proyecto que le acaba de valer el premio Carlos V

14 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando a fines de los años 50 la Universidad de Roma se negó a reconocer el máster en Leyes que Sofia Corradi había obtenido en la Universidad de Columbia gracias a una beca Fulbright, y la obligó a examinarse de las tres asignaturas que todavía le faltaban para la licenciatura, empezó a cobrar vida el proyecto educativo más importante de Europa, el Programa Erasmus. Desde que en 1987 se puso en marcha, dos millones de jóvenes universitarios europeos han intercambiado experiencias más allá de las fronteras de sus países, creando una generación abierta y europeísta que ha establecido relaciones de amistad, de camaradería y también de amor. Fue gracias a Mamma Erasmus, la simpática y batalladora profesora universitaria Sofia Corradi, que durante 18 años fue llamando a las puertas de rectores y ministros para conseguir su sueño. Una lucha que ahora le ha sido reconocida con el premio Europeo Carlos V, que le será entregado en mayo en el Real Monasterio de Yuste (Cáceres).

Durante años Sofia Corradi ha sido profesora de Educación de Adultos en la Facultad de Ciencias de la Formación en la Universidad de Roma. Antes había trabajado en la ONU y colaborado con la Academia de Derecho Internacional de La Haya y la London School of Economics. En su país, Italia, ha sido consejera de la Conferencia de Rectores.

-¿Cuáles fueron sus primeros pasos hasta llegar al programa Erasmus?

-Mi batalla empezó en 1969 con una relación titulada Equivalencia de años de estudios universitarios realizados por estudiantes italianos en universidades extranjeras, que preparé tras la cuarta asamblea de rectores europeos celebrada en Ginebra en septiembre de 1969. Durante los años 70 y 80 se celebraron una serie de reuniones bilaterales entre rectores italianos y alemanes de una parte, e italianos y franceses de otra, para poner de acuerdo los planes de estudios universitarios de estos países. Este fue el germen del programa Erasmus, que en realidad es el acrónimo de European Region Action Scheme for the Mobility of University Students [algo así como Programa para la Movilidad de Estudiantes Universitarios en la Región Europea, y por supuesto el apellido del humanista holandés].

-Un camino que no ha sido fácil. ¿Dónde encontró más oposición al proyecto?

-En aquella época eran pocas las familias que podían permitirse tener a sus hijos estudiando un año de más, que era el que necesitaban si se iban durante un tiempo a completar estudios en el extranjero. Obtener el reconocimiento automático de estos estudios fue el primer obstáculo, sobre todo por parte de la burocracia de mi país, Italia, que se oponía a ello. Encontré más facilidad entre los rectores, y entonces pensé que todo iba a ser más sencillo. Esta aventura la cuento en el libro Erasmus ed Erasmus Plus. La movilitá internacionale degli studenti universitari [Erasmus y Erasmus Plus. La movilidad internacional de los estudiantes universitarios] que se puede descargar gratis en Internet también en inglés [www.lifelong.it].

-Y ahora, casi 30 años de su puesta en marcha, ¿qué valoración puede hacer del desarrollo del programa Erasmus?

-La valoración es muy positiva. Las ventajas son claras y no solo para los estudiantes, que ya se han auto-seleccionado desde el momento que han decidido participar en el Programa Erasmus. Los que participan adquieren un mayor nivel cultural, ya que deben conocer un ambiente nuevo y adaptarse a él. El estudiante ve que en el contacto entre diversas culturas cada uno tiene que aprender en la misma medida que tiene que enseñar. Además, cuando llegan al mercado de trabajo estos jóvenes son los preferidos de las grandes compañías, que consideran que tienen más curiosidad y son gente abierta. Este programa es el primer ejemplo de la historia de crear una educación para la comprensión transcultural y para la paz. Naturalmente el objetivo primordial es el de la integración europea, pero se crea también un efecto positivo en relación con las culturas extraeuropeas.

-¿Qué le han contado los testimonios recogidos a lo largo de estos años?

-Esta es la parte más bonita de mi trabajo. He seguido el programa tanto en su fase de experimentación como después, a través de entrevistas a los participantes, en las que han dicho cosas maravillosas del Erasmus: «Desarrolla la creatividad», «imprime en el alma sentimientos indelebles de fraternidad humana», «se aprende a sintonizar con la frecuencia de otros», etcétera. Además, los estudiantes han establecido una relación estrecha con la ciudad de la universidad a la que viajaron y han hecho nuevos amigos. En el Erasmus se aprende a pedir ayuda y a obtenerla.

-Durante los años peores de la crisis europea algunos países amenazaron con recortar sus fondos. ¿Erasmus tiene los días contados?

-No, en absoluto. En enero del 2014 se puso en marcha el Programa Erasmus Plus con un presupuesto que ha aumentado un 45 %, y que supone para el septenio 2014-2020 una inversión de 15.000 millones de euros. Una suma enorme a la que se unen otras ayudas directas o indirectas, de cada Estado, de entes regionales... Además, el campo de operatividad se alarga a otros países fuera de la Unión Europea como el sur del Mediterráneo o Latinoamérica. También se amplía la actuación a ámbitos no universitarios, como pueden ser intercambios entre asociaciones de voluntarios, de profesores, de empresarios, de agricultores...

-¿Cuál será el papel de las universidades españolas en Erasmus Plus?

-Tendrán un papel muy importante, ya que pueden hacer de guía para organizar los intercambios con Latinoamérica, poniendo su experiencia a disposición de las universidades de estos países. Hay que ir a Argentina, a Perú, a México y explicarles qué es el Erasmus para conseguir que los intercambios de estudiantes sean algo normal. Ustedes tienen la fortuna de un idioma común, y esto hay que aprovecharlo. Por ejemplo, un estudiante español que va a Bolivia y puede hablar sin problemas con el profesor ya es una gran ventaja. Una de las cosas que me hace feliz de este premio es que espero ayude a la difusión del programa Erasmus Plus en Hispanoamérica.

-¿Qué consejo le daría a un joven universitario que está pensando en hacer un Erasmus?

-Que se apunte al programa, ya que no es verdad que hay que tener buenas notas para poder participar. El 40 % de los que lo solicitan, renuncian a él y dejan libres las plazas. Si uno insiste, consigue la beca. Este es el período en que se abren las inscripciones y le diría que pruebe y ¡que insista!