Miguel

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SOCIEDAD

La noche de aquel día, Miguel no sabía la que se avecinaba. Era uno de esos de miles de chicos que se levantan desganados pensando que aquí no hay quien viva. Uno de esos ninis: ni ganas de esforzarse, ni ganas de luchar. Las ganas se las hemos ido robando a toda una generación: falta de oportunidades, paro, emigración, empleo precario en el mejor de lo casos. La noche de aquel día, Miguel, el paradigma de una generación, no sabía la que se avecinaba. Se cruzó con Daniel. Que sí tenía ganas, pero no un protagonista para una película que ha tardado diez años en ver la luz. Dos preguntas: que cuántos años tienes. Que si sabes andar en moto. Y Miguel y Daniel, en la noche del cine español, en la trigésima edición de los Goya, nos han dado una lección a todos. A cambio de nada: crean. Cuando crean que ya no hay nada en lo que creer, crean. Porque Daniel creyó en Miguel. Creyó en un chiquillo que no quería estudiar, un chiquillo al que nada le gustaba. Creyó. Y las lágrimas se le vinieron a los ojos cuando ese nini, ese chico al que ya iban a dar por perdido, subió al escenario a recoger un Goya y le espetó: «Dani, me has dado una vida». Crean. Cuando crean que no hay nada en lo que creer, crean. Porque creer en alguien en el que nadie cree puede devolverles la vida a miles de migueles. Que ni estudian, ni trabajan. Porque nadie ha creído aún en ellos. Así que crean. A cambio de nada. Crean.