«Philae» hace historia antes de dormir

El robot que aterrizó sobre un cometa, que prácticamente se da por perdido, completó la mayor parte de su misión


Redacción / La Voz

En noviembre del 2014 se despidió con un hasta pronto después de haber entrado en la historia de la exploración espacial como el primer robot en posarse con éxito en la superficie de un cometa, situado a 550 millones de kilómetros de la Tierra. Fue una maniobra de alto riesgo y la la propia Agencia Espacial Europea (ESA) había cifrado en un 50 % las posibilidades de fracaso. Pero salió cara y, pese a que del accidentado descenso salió magullado tras caer en un barranco, Philae logró enviar una valiosa información sobre la composición y formación del cometa 67/P Churyumov-Gerasimeko. Fue entonces cuando se echó una profunda siesta que se prolongó hasta el pasado 13 de junio, día en que se recuperó la señal con su sonda nodriza Rosetta.

La comunicación y transmisión de datos continuó hasta el 9 de julio del pasado año. Desde entonces, Philae quedó mudo en lo que puede ser un sueño eterno. El pasado domingo le sonó otra vez el despertador mediante una orden enviada desde tierra para reajustar su posición y conseguir que sus paneles solares consiguieran más energía. Pero Philae no respondió, ni se espera que lo haga. Hasta el 21 de enero aún existen posibilidades de contacto con el pequeño robot, un minilaboratorio de apenas 100 kilos. Aunque la esperanza de recuperar la comunicación y poder reanimarlo es muy remota.

«Tenemos que enfrentarnos a la realidad. En algún momento tenemos que aceptar que no vamos a recibir señales de Philae nunca más», explicó a New Scientist Stephan Ulamec, el responsable del aterrizador.

La ESA lo habrá perdido para siempre, pero su desaparición está lejos de constituir un fracaso. Las 63 horas de datos que transmitió durante el tiempo que estuvo operativo, con información que en algunos casos aún está siendo estudiada para ser publicada en revistas científicas, constituyen el 80 % de toda la misión que se le había encomendado. Mucho más de lo esperado si se tiene en cuentan que muchos dudaban que el robot lograse aterrizar en el cometa.

Inversión rentable

Philae rentabilizó los 220 millones de euros que costó, un presupuesto muy inferior al de otros robots exploradores como el Curiosity que la NASA tiene en Marte, que supuso un desembolso de 2.000 millones de euros. Y más si se tiene en cuenta que el rover europeo estaba equipado, pese a su pequeño tamaño, con diez sofisticados instrumentos científicos que van desde cámaras de alta resolución hasta espectrómetros de masas pasando por sensores de temperatura para el subsuelo o cromatógrafos. Fue una muestra de la capacidad tecnológica de Europa, en la que participaron varias empresas españolas.

El robot, aunque protagonista por su histórico aterrizaje en Churyumov-Gerasimenko, tampoco era la parte central de la misión Rosetta, una de las más ambiciosas de Agencia Espacial Europea, con un coste de 1.300 millones de euros. El grueso del conocimiento científico que se espera obtener vendrá de la propia sonda que da nombre al programa, que acompañará al cometa en su aproximación al Sol hasta diciembre próximo. Hasta entonces será su sombra y radiografiará continuamente su evolución con vuelos en los que se acercará a tan solo 8 kilómetros de su superficie, como e previsto para el día de San Valentín.

Philae era algo así como la guinda al pastel de Rosetta, que el pasado año fue elegida entre los diez hitos científicos del año. Para la ESA es ya «una de las misiones de exploración espacial más exitosa de todos los tiempos». Y todavía tiene que deparar muchas más sorpresas aún.

Hasta el momento, los datos del robot y su sonda han permitido determinar que la superficie del cometa es suave como la nieve en algunas zonas y dura como la piedra volcánica en otras, mientras que su interior está vacío en el 80 %, por lo que se asemeja más a una gran esponja que a una roca maciza. También se ha determinado que la composición del agua que almacena en su núcleo es distinta a la de la Tierra y que existe hielo sobre su superficie. En el análisis químico de sus componentes se encontraron, además, cuatro compuestos orgánicos que no se habían detectado antes en ningún cometa.

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