Entonces... ¿qué puedo comer?

La Voz REDACCIÓN

SOCIEDAD

Día 1 de la nueva era alimenticia. Lo que la OMS recomienda incluir en la dieta y otras cosas que, de momento, parece que no van a matarnos:

27 oct 2015 . Actualizado a las 22:10 h.

Si, según la OMS, abusar del bacon, las hamburguesas, los perritos calientes y hasta del jamón ibérico aumentará notablemente nuestras papeletas de ser diagnosticados de cáncer de colon algún día (50 gramos diarios eleva en un 18 % el riesgo); si hartarnos a carne disparará (en menor medida, pero lo hará) nuestras probabilidades de caer enfermos; si las grasas saturadas son veneno puro y duro para nuesto organismo; y el azúcar, y no hablemos del queso y de la crema de cacao... entonces, ¿qué podemos comer que no nos mate? ¿qué dieta debemos seguir para mantenernos sanos? ¿hay alguna manera de nutrir el cuerpo y al mismo tiempo darle alguna alegría al paladar? En definitiva, ¿qué productos son buenos? ¿Es posible alimentarse de forma saludable sin pasar hambre y saboreando a gusto lo que nos llevamos a la boca?

No todo van a ser malas noticias. Aprovechando el alboroto generado por la alerta de la OMS, buceamos el día después, con la resaca más sana que hemos tenido nunca, en las múltiples recomendaciones que la organización hace públicas periódicamente. Buscamos, ávidos, sus consejos para seguir una dieta responsable. Y esto es lo que nos encontramos:

 Frutas, verduras y hortalizas  

Dice el organismo internacional que para llevar una alimentación sana es preciso comer frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Detalla la OMS que ingerir al menos cinco piezas o porciones (400 gramos) de frutas y verduras diariamente reduce el riesgo de desarroolar enfermedades no transmisibles y ayuda a garantizar la dosis diaria suficiente de fibra dietética. Es probable que zamparnos cinco manzanas al día nos resulte una animalada, así que para cubrir el cupo podemos camuflar las verduras en la comida y en la cena, comerlas frescas como aperitivos o aprovechar las frutas de temporada para hacer más llevaderas tales instrucciones.

Grasas

A la OMS no le gustan nada las grasas. Lo explica: reducir el consumo total de grasa a menos del 30 % de la ingesta calórica diaria contribuye a prevenir el aumento de peso. Bajar el consumo de grasas saturadas (mantequilla, quesos grasos, nata, leche entera, helados...) a menos del 10 % de todas las calorías que tragamos en un día, y el de grasas trans (snaks, bizcochos, pizzas congeladas, galletas, bollos...) al 1 %, disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades. ¿Cómo lo hacemos? Primero, insiste la organización, modificando la forma de cocinar. Debemos separar la grasa de los alimentos, utilizar aceites vegetales y cocer los alimentos, hacerlos al horno o al vapor. Nunca freirlos.

Sal

Limitar el consumo de la sal, dice la institución de la salud, es esencial. Consumimos demasiado sodio a través de ella y prescindimos del potasio, necesario para el organismo. Tomar mucha sal y poco potasio contribuye a la hipertensión arterial. Y de ahí, en adelante. A menudo, no somos conscientes de la cantidad de sal que entra en nuestro cuerpo. La mayoría llega a él a través de platos precocinados o de carnes procesadas (el maldito bacon que tanto «daño» nos hace), del pan, las salsas, caldos y, evidentemente, de la sal de mesa. Para reducir esta ingesta, la OMS aconseja no añadir tanta sal a la hora de cocinar, contener las ganas de engullir aperitivos salados y escoger productos con menos sodio. El cupo de potasio lo cubriremos llenando el estómago de frutas y veduras.

Azúcar

También con el azúcar hay que ser precavidos, que, además de ser un boleto para acabar con problemas de sobrepeso, incluso obesidad, aumenta el riesgo de caries dentales. Así, deberemos controlar el consumo de alimentos dulces y golosinas (¿sustitutos? adivinen: futas y verduras), pero también la ingesta de bebidas azucaradas. 

Pescados

Agricultores, ganaderos, hosteleros, nutricionistas y profesionales de la salud, ojipláticos ante el pánico desatado por las palabras de la OMS, piden calma. Y cabeza. Sanidad anima a tomarse las conclusiones del estudio como una recomendación y recuerda que ni las consecuencias de consumir carne deben compararse con los efectos del tabaco -a pesar de haber sido incluidas en el mismo grupo de riesgo-, ni resulta nocivo ingerir embutidos o salchicas dos veces por semana. Todos los sectores coinciden en lo beneficioso de un consumo moderado. Los expertos en digestivo piden tranquilidad y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) clama para que no se demonice la carne roja. Desde este organismo, nos invitan a reflexionar sobre nuestra dieta actual, «americanizada», y nos animan a regresar al patrón de dieta mediterránea: poca carne (ya sea de vaca, cerdo o pollo), mucha verdura, fruta fresca y frutos secos, pescado, pan, cereales, aceite de oliva, vinagre, huevos y legumbres. 

Dieta mediterránea

Profundicemos en lo que nos hace bien. La Fundación Dieta Mediterránea, una organización oficial que fomenta la investigación y difusión científica de las ventajas de esta dieta, profundiza en las pautas nutricionales recomendadas por los expertos. Su premisa principal es la utilización del aceite de oliva. Invita, al igual que la OMS, a consumir cinco raciones de fruta y verdura a diario, pero también a ingerir habitualmente pasta, arroz y cereales, alimentos que nos aportan la energía necesaria para nuestro día a día. ¿Qué mas? Productos frescos y de temporada (mejor que procesados), leche y yogures, cantidades pequeñas de carnes magras, pescado azul como mínimo una o dos veces a la semana, tres o cuatro huevos semanalmente, beber mucha agua y vino con moderación.