París

Veo el acierto que tuve al traer aquí a mi mujer cuando empezábamos a salir y me prometo traerla de nuevo pronto, porque es realmente una ciudad que estimula el amor


Científico

Hacía muchos años que no venía a París. Miento. Hacía muchos años que no venía a París París, por la moderna costumbre totalmente absurda de organizar las reuniones científicas en aeropuertos o en hoteles anexos a los mismos, lo cual indica el grado de estupidez que hemos llegado a alcanzar.

Pero esta vez los organizadores, como son raros (la reunión era sobre enfermedades raras), la hicieron en pleno centro, por lo que pude disfrutar de la primavera tardía parisina unos días.

Y encontré París muy bonito. Antes me gustaba más Londres que París, pero con los años me gusta más París que Londres, y cada vez más. Creo que es la evolución natural. Veo el acierto que tuve al traer aquí a mi mujer cuando empezábamos a salir y me prometo traerla de nuevo pronto, porque es realmente una ciudad que estimula el amor.

Y en este sentido no encontré mucho cambio: muchas parejas de todas las edades, el Barrio Latino con el ambiente de siempre y, en la primavera, lleno de flores y de alegría como si no fuese con Paris la crisis económica de toda Europa.

Sí que es ahora mucho más cosmopolita. Antes París tenía como ahora mucho turismo, pero la ciudad europea cosmopolita era Londres. Actualmente París se le está acercando, sobre todo, por una invasión de población africana, que le da un toque de color en la gente y en el vestir que antes no tenía.

Sigue habiendo un número increíble de patisseries por todas partes. Siempre me pregunté cómo es que sobreviven económicamente tantas y si se pueden comer tantos pasteles como preparan. El caso es que lo hacen, y yo creo que la razón es que es imposible para ningún humano resistirse al olor del pan y los pasteles recién hechos, y por eso hay colas permanentes en todas ellas. ¡Qué rico estaba el croissant con el café que tomé todas estas mañanas!

Lo que sí siguen conservando es la misma gente mal encarada en los servicios de atención al público y hasta en los taxis, o al menos a mí me tocó así. Les tiene que costar mucho trabajo seleccionar gente tan maleducada, pero lo consiguen. Los franceses y las francesas son dulces en general, de modo que deben de tener que escoger uno entre cien para un puesto de estos. Pero ya me sorprende más cuando ves una negrita hablándote a gritos y sin atenderte, pues te esperas toda la alegría y amabilidad de su cultura de origen, por lo que con ellos tendrán que escoger uno entre mil. Yo me imagino al personal de selección preguntándole a los candidatos:

«Si un turista que está en Montmartre le pregunta cómo ir al Louvre, ¿qué le diría?».

Si la respuesta es: «¡Merde! ¿Para qué tiene ese mapa en la mano? ¡Au revoir! ¡Merde! ¡El siguiente!», es entonces cuando lo seleccionan para el puesto.

París maravilloso, lleno de contrastes, pero también de arte, imaginación, alegría, espíritu bohemio, ciudad del amor. No te dejes contagiar de tus vecinos del norte y dirige tu mirada más hacia el sur, que es lo que te ha nutrido de esa savia que te hace la capital más perfecta de Europa.

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