En los aeropuertos gallegos confluyen estos días escenas de alegría y de resignación, de los que se van de vacaciones en agosto y de los que vuelven
01 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Los aeropuertos gallegos se dividen estos días entre la alegría de los que se van de vacaciones en agosto y aquellos que vuelven, con resignación, a su día a día después de un merecido descanso. No es difícil reconocer a los que volando van de los que volando vienen. Sus caras lo dicen todo.
El equipaje rueda con más ánimo por las instalaciones aeroportuarias de camino a las filas de facturación cuando le espera un destino vacacional. Aunque sea por tres días, como en el caso de doce amigos de Ponteceso que ayer partían de Lavacolla para celebrar durante tres días la despedida de soltero de uno de ellos en Mallorca. María Canto y su pareja cogían el mismo vuelvo para darse «un cambio de aires» y pasar una semana de sol y playa en Palma. Los ferrolanos, ella administrativa y él educador, salieron ayer de sus respectivos trabajos ilusionados y con las maletas a cuestas. «Somos la cara de la felicidad», reconocía María.
A solo unos metros, formaba fila para facturar un grupo con el ánimo un poco más alicaído. Sus mochilas los delataban. Eran peregrinos. Treinta jóvenes de entre 16 y 17 años italianos, de Vicenza, que dedicaron los últimos cinco días a recorrer el Camino de Santiago por primera vez. «¡Está bellissimo!», resumía uno de los chicos del grupo parroquial, con el buen humor de quien sabe que todavía le quedan varias semanas de descanso.
«Devastado pensando en la vuelta» estaba otro peregrino, Mateo Vichesso, quien después de tomarse diez días para hacer la Ruta en bici cogía un avión para reincorporarse el lunes al trabajo. Más tregua tenía Emma Rodríguez, una estudiante catalana que -como cada año- disfrutó parte de su verano con su abuela de Vilagarcía y lejos del calor «matador» de Barcelona.
Justo bajo sus pies, en la planta inferior, recuperaban sus maletas los pasajeros que aterrizaban de Bérgamo. Es en esta, en la puerta de llegadas, donde realmente se ve la cara y la cruz de los que vienen para empezar sus vacaciones y de los que vuelven de ellas. Allí se repiten estos días las escenas de alegría y emoción. Felices bienvenidas de familiares, parejas y amigos o cariñosos recibimientos a los que pasaron un tiempo lejos de sus casas.
Desde el jueves y hasta hoy los aeropuertos gallegos presencian este espectáculo, coincidiendo con los días de mayor tráfico de viajeros. Las operaciones de retorno y de salida de agosto superaron en estos tres días los 350 vuelos, con 54.370 plazas.
En Santiago se concentraron más de la mitad de los vuelos -la mayoría internacionales-, especialmente el jueves, en el que cerca de setenta despegues y aterrizajes llenaron las instalaciones de un ir y venir de gente. En Vigo también fue el día 30 el de mayor actividad, mientras que en A Coruña el mayor trajín fue ayer.