Ni un alfiler cabe en los arenales de Coney Island y Brighton Beach
28 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.En Nueva York, en verano hace calor, mucho calor, incluso sin olas. Las temperaturas no son extremas pero la humedad es muy alta y por ello la sensación es asfixiante. Pero en Nueva York el invierno es también gélido y mucho más largo que, por ejemplo, en Galicia. Así que cuando aparece el sol los neoyorquinos están deseando echarse a la calle, con o sin calor, con o sin humedad. Y lo hacen. Pero evitando el asfalto que arde.
Los habitantes de la Gran Manzana se lanzan a los parques y a las playas. No son nada habituales las piscinas descubiertas. Tampoco hay muchas en la ciudad de los rascacielos, ni privadas ni públicas, y las pocas que hay suelen estar saturadas así que hay que buscar otras alternativas. La ventaja de esta ciudad es que las tiene. Para empezar sus fantásticos parques.
Aunque el más conocido y mayor es Central Park, hay cientos de ellos. En las orillas de sus ríos, el Hudson y el East, o repartidos cada pocas manzanas. Espacios de hierba con árboles en los que la temperatura es considerablemente más baja que en las calles y en los que es posible tumbarse, merendar o que los niños jueguen. Otra de las grandes ideas de los neoyorquinos es que la mayoría de los espacios de ocio infantil de la ciudad tienen agua: canales, fuentes, chorros? fórmulas divertidas y refrescantes para los pequeños, y no tan pequeños. Y la ciudad tiene otra excelente forma de escape estival: sus playas. En Manhattan no, pero sí en el resto de los condados que conforman Nueva York, excepto el Bronx.
Queens posee las extensas playas de los Rockaways, kilómetros y kilómetros de arena blanca y, casi siempre, poca gente, y a las que se llega en metro. También las de Staten Island, a las que se va en ferri, aunque las más populares de Nueva York son las de Brooklyn: Coney Island y Brighton Beach, a las que también se puede llegar en metro. Las dos son enormes y tienen un gran equipamiento de entretenimiento: restaurantes, tiendas y atracciones. El único problema es que suelen estar demasiado concurridas.
Pero aquellos que quieren huir de la muchedumbre tienen otra alternativa. Junto a Nueva York está Long Island, que cuenta con algunas de las playas más bonitas de Estados Unidos. Para trasladarse hay que hacerlo en coche o en tren y, en algunos casos después de tomar un ferri. Como ocurre en todos los lugares con costa, cuanto más lejos del centro de la ciudad está la playa, menos concurrida.
Y para los que no disfrutan con la arena, la ciudad de los rascacielos también tiene montaña. A dos horas de coche están las Castkill Mountains, una pequeña cadena montañosa que alberga un espacio protegido y en la que en invierno se esquía y en verano sus bosques y cascadas aportan frescor.